Opinión
Nelson Villalobos
Espacio y tiempo son uno en David Hockney
Hockney me enseñó a mirar y a vivir

«Su obra es una pintura viva, en ella están sus amigos, familia y su constante curiosidad por la vida alegre» / FDV
Este viernes 12 de junio, mientras leía un libro sobre Miguel Ángel en mi biblioteca, un gran amigo me dio la noticia: David Hockney había muerto. Fue en Londres, a los 88 años, a la misma edad que Miguel Ángel, a quien también admiraba.
Este gran artista, fue una de mis primeras influencias como pintor, junto con Picasso y Matisse, desde que, en 1980, cuando tenía 23 años, cayó en mis manos un pequeño catálogo de “pinturas y dibujos” de David Hockney. De inmediato me identifiqué con su obra, me sentí atraído por la unicidad de su naturaleza, de su luz, de su color y de su espacio y en mis siguientes dibujos pretendí con certeza dibujar como él, con aquella sutileza y líneas finas.
Conocí su obra, primeramente, a través de los libros, luego pude sentir esas vibraciones en cuatro retrospectivas, admirándolas con los ojos de un cirujano relojero, curioso, redescubriendo en vivo su creación. Me enseñó a mirar y a vivir. A que: «hace falta una inmensa confianza interior para continuar una senda propia y singular, entre modas artísticas fluctuantes».
Su obra es una pintura viva, en ella están sus amigos, familia y su constante curiosidad por la vida alegre, por las obras de arte, por los pintores y sus procesos, por la poesía, la filosofía, la literatura y la música.
Hockney es, sin duda, unos de los más grandes artistas del sXX. y no hablo sólo de su fama que, indiscutiblemente es parte de su genialidad como artista, sino también como el ser humano que encontró la alegría de vivir y la reflejó en cada pincelada y en cada línea, con las que piensa y nos hace pensar en imágenes.
En Hockney, hay energía, destreza, precisión, renovación y un asombroso don de observar la totalidad y simplificarla, dando una realidad más real y reflexiva. Además, Hockney, como Miguel Ángel, se rodearon de un entorno esencial de colaboradores, familiar y emocional, donde vivir y trabajar.
En él se hace visible aquella frese de Picasso: «cuando pinto, tengo detrás de mí a los artistas del pasado». Gracias a ellos, he podido desarrollar mis maneras fragmentarias. Me enseñaron que las variaciones de espacios y de área suelen señalar una variación en el trabajo; y una nueva progresión.
La última retrospectiva de David Hockney que visité fue en París, en abril de 2025, con mi mujer Eva, mi hijo Pablo y su esposa Laura, en la Fondation Louis Vuitton. Fue una maravilla recorrer varias décadas de sus obras; en cada sala sentía una línea, una gota de agua, una rama, una nube, un verde, un amarillo, un rojo, un negro, una mancha, un azul, un punto… o la más completa totalidad coral de su creación, sintiendo de fondo sonar la música de “Tristán e Isolda” de Richard Wagner, donde «espacio y tiempo son uno» convirtiendo la muestra en una imagen sonora de tiempo inapresable.
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