Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión

Miguel Fernández-Cid

David Hockney, clásico pero el más moderno

El director del MARCO de Vigo aborda en este artículo la relevancia de David Hockney, uno de los artistas británicos más influyentes del siglo XX y XXI, fallecido este viernes a los 88 años

David Hockney pintando "Tala de invierno", en julio de 2009.

David Hockney pintando "Tala de invierno", en julio de 2009. / Jean-Pierre Gonçalves de Lima

El nombre de David Hockney estaba muy presente en las conversaciones de los artistas madrileños que empezaban a exponer a finales de los años 60. Aunque hoy pueda parecer algo lejano, en la escena artística dominaban el informalismo y respuestas de carácter político, conceptual, y artistas Hockney mostraban un mundo diferente, de paisajes abiertos, de cómodas y amplias residencias, de entornos de felicidad y piscinas con seductores tonos azules. Aires de alegría, de libertad.

Era posible otra forma de mirar el mundo, de entrar en la figuración y ser comprometidamente contemporáneo. Hockney se apoyaba en un dibujo limpio, preciso; en composiciones y formatos que invitaban a entrar en el cuadro, a pensar que era un espacio habitable. Su paleta de colores vivos, luminosos; los mismos con los que vestía, porque Hockney era moderno y libre en su pintura y fuera de ella. Sabía darle un aire relajado, confiado, cómplice, a los personajes que retrataba, que detenía en sus entornos favoritos, con juegos de miradas entre ellos, o hacia objetos que disponía a modo de sutiles bodegones.

En aquellos años, eran habituales los debates sobre quién influía más, Picasso o Matisse, Warhol o Beuys, Duchamp se incorpora un poco más tarde. Muchos trataban de unir la herencia europea y la escala americana. Hockney es un caso paradigmático: británico de nacimiento, implicado en el Pop europeo, conoce a Warhol y ve un paisaje distinto en California. Resulta difícil unir esas tres herencias, y lo hace con una naturalidad solo comparable a la firmeza con la que entra en cada proyecto, proponiendo series que transforman los espacios que ocupan. Una actitud diferente.

El Hockney enigmático, buscador, selectivo, de su época británica; el luminoso de aires californianos. Pero también el empeñado en buscar nuevas vías de representación: fragmenta la imagen, rompe la perspectiva única, con frecuencia a partir de collages con diferentes tomas fotográficas; apoyándose en múltiples cámaras que registran los detalles de un paisaje, a modo de travelling, de paseo curioso; o utilizando una tableta o un móvil para dibujar.

Objeto de admiración por parte de artistas centrales en el arte español, como Luis Gordillo o la llamada nueva figuración madrileña, con el coruñés Carlos Alcolea a la cabeza, la huella de Hockney se percibe incluso en las generaciones más jóvenes, con artistas como Miky Leal y el resurgir de una figuración inquieta, preocupada por asuntos plásticos, que busca referentes. Y Hockney lo es para varias generaciones: estimula. Borges decía que quien conseguía eso merecía ser considerado clásico.

*Miguel Fernández-Cid es director del Museo de Arte Contemporáneo (MARCO) de Vigo

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents