Opinión | Editorial
Una segunda planta de coches para Galicia

Fotomontaje sobre la llegada de SAIC a Galicia. / FdV
Hace tres años, en este mismo espacio editorial, desmenuzamos las fortalezas y oportunidades que ofrece Galicia para acoger una segunda planta de automóviles: la existencia de una industria de componentes muy competitiva y consolidada, la posición geoestratégica de los puertos gallegos y ese ecosistema de innovación tan reconocido dentro y fuera de España. Lo hacíamos a propósito del interés mostrado entonces por el gigante de Shenzhen, BYD, el mayor fabricante de coches eléctricos del mundo, por asentarse aquí. Y concluíamos el argumentario con una pregunta que sigue teniendo hoy tanta validez como entonces: ¿por qué no? ¿Por qué Galicia no puede tener más de una factoría automovilística, como ocurre, por ejemplo, con Cataluña?
La inversión de BYD no cuajó. Como tampoco lo hicieron antes la de Toyota en los años ochenta, la de BMW a finales de los noventa o la de Mitsubishi a principios de la pasada década. Cuatro oportunidades frustradas por razones diferentes: desde la conflictividad laboral de la reconversión industrial a la falta de suelo o la mayor competitividad de los países low cost.
Hoy, sin embargo, Galicia sí está en condiciones de captar la que sería su segunda planta de automóviles, después de la de Stellantis en Vigo. Y, de nuevo, es un grupo de capital chino el interesado: SAIC. El nombre puede no sonar demasiado, pero sí su principal marca en Europa, por su origen británico, MG. El desembarco de SAIC lleva cociéndose a fuego lento y en la más absoluta confidencialidad desde hace más de dos años, y se enmarca en la estrategia de las multinacionales chinas de fabricar directamente en suelo europeo para eludir los aranceles a sus modelos, que pueden llegar hasta el 40% en algunos casos. En sus propias plantas o mediante acuerdos con socios del Viejo Continente, como en el caso de Stellantis, que ha dejado en manos de sus socios chinos Leapmotor y Dongfeng el destino de factorías tan emblemáticas como Villaverde o Rennes.
SAIC dará a conocer su decisión final en cuestión de días o semanas, y la visita a la sede de la corporación china por parte del presidente de la Xunta, Alfonso Rueda, y de la conselleira de Economía e Industria, María Jesús Lorenzana, el pasado mes de abril, allanó el trabajo realizado en estos últimos meses. En el sector ya dan por hecho el desembarco del grupo chino y apuntan directamente a Ferrol y a su puerto como destino, descartando el sur de Galicia por la mayor congestión de sus terminales marítimas, especialmente la de Vigo. La inversión, de confirmarse, sería una excelente noticia para la industria gallega del automóvil y para la economía gallega en general, porque no es lo mismo un player que dos. Conviene recordar que hoy la automoción genera un tercio de las exportaciones de Galicia y más de 40.000 puestos de trabajo entre directos e indirectos.
Ahora bien, la llegada de SAIC no está exenta de riesgos para los intereses gallegos. Para empezar, habrá que ver si el grupo chino va a fabricar realmente sus modelos aquí, lo que redundaría en mayor o menor medida en la industria gallega de componentes, garantizando un alto volumen de empleo, o si, por el contrario, lo que va a instalar en el puerto de Ferrol es solo un centro de ensamblaje de coches. Coches que llegarían despiezados en buques desde China exclusivamente para armarlos aquí como un puzle y poder llevar así la etiqueta de made in Europe para saltarse el peaje arancelario. Tanto la Xunta como la propia Unión Europea ya se han manifestado en contra de esta estratagema de algunos fabricantes asiáticos, porque, lógicamente, no genera la misma riqueza un centro de ensamblaje que una factoría terminal.
«La inversión de SAIC, de confirmarse, sería una excelente noticia para la industria gallega del automóvil y para la economía gallega en general»
Otra posible amenaza, a la vista de la estrategia depredadora que algunas compañías chinas mantienen en sectores como la pesca —y la flota gallega sabe bien de qué hablamos— y en los puertos de medio planeta, es que SAIC ansíe el control absoluto del Puerto de Ferrol. China ha invertido la friolera de 24.000 millones de euros en 25 años para controlar la logística portuaria de casi 170 terminales marítimas de 90 países, y Ferrol, de interés estatal —el mismo rango que tiene el de Vigo—, no debería convertirse en uno más. En toda la negociación con el fabricante de MG, como ha recogido este periódico en numerosas ocasiones, lo que más preocupaba a los inversores chinos era disponer de un puerto prácticamente para ellos solos, con los riesgos que eso conlleva para las empresas gallegas ahora vinculadas al hinterland ferrolano.
Habrá que esperar a que SAIC confirme su aterrizaje y, después, a que las administraciones, tanto la Xunta —que acaba de anunciar nuevas ayudas para el parque de proveedores— como el Gobierno, que en este proyecto, por su interés nacional, van de la mano, ejerzan un control fiscalizador que permita desarrollar el sector del automóvil también en el norte de Galicia y que la operación no acabe siendo un caballo de Troya para, primero, saltarse los aranceles de la UE a la importación de modelos chinos y, segundo, controlar a su antojo uno de los cinco puertos de interés estatal de la comunidad. Eso sería imperdonable.
En caso contrario, la llegada de SAIC vendría a apuntalar un sector que, hasta la fecha, ha resistido contra viento y marea en medio de una crisis global y de un cambio de paradigma sin precedentes. No solo ha resistido, sino que se las ha apañado para batir año tras año sus propios récords de producción, exportaciones y facturación, incluso en este arranque de 2026 marcado por la inestabilidad y la guerra de Irán. La planta de Vigo de Stellantis sigue siendo la primera del grupo en volumen de fabricación, eficiencia y calidad, y ha sido precisamente gracias a su competitividad por lo que ha logrado mantenerse al margen de la alianza con Leapmotor, siendo dueña de su propio destino, algo que no pueden decir, por ejemplo, las de Villaverde y Figueruelas.
Con todo, el horizonte no está exento de nubarrones. Desde una política europea totalmente errática, que ha ido dando bandazos en materia de recortes de emisiones y de imposición del coche eléctrico, hasta la propia estrategia del consorcio de orígenes francoitalianos y pilotado ahora por Antonio Filosa, que, según se desveló la pasada semana, va a centrarse especialmente en su negocio en Norteamérica, dejando en un segundo plano a Europa, donde, como hemos publicado, quiere recortar capacidad productiva, en gran parte cediendo líneas de fabricación a sus socios chinos.
Ahí está, precisamente, la clave de esta operación. Galicia haría bien en celebrar la posible llegada de SAIC, pero sin perder de vista que su verdadero músculo industrial sigue estando hoy en Vigo y se llama Stellantis. Lo inteligente no sería elegir entre una y otra, sino lograr que la nueva planta sume sin restar, complemente sin invadir y refuerce un ecosistema que ya ha demostrado ser competitivo a escala mundial. Porque una segunda factoría sería una magnífica noticia. Pero lo sería mucho más si llega para apuntalar el liderazgo gallego del automóvil, y no para abrir una grieta en su principal bastión.
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