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Opinión

Galicia no tiene lastres, tiene futuro

El verdadero debate no es si Galicia tiene capacidad para crecer. La tiene. El reto es darles a sus empresas las condiciones necesarias para competir con toda su fuerza.

Los territorios que crecen suelen ser los que prosperan. Crecer, con lo que ello signifique. Pero sea como sea, tendemos a dejar que los números nos confundan. En los últimos días, el tejido empresarial de Galicia se ha sometido a uno de esos juicios basados en cifras. Hemos sabido de la mano de Eurostat que el norte de nuestro vecino luso nos gana en la carrera de creación de empresas, manejando un índice del 15,8% frente al 7,1% que representan las nuevas empresas gallegas. Más negocios en una región que no es competidora, sino aliada.

La falta de seguridad jurídica, las trabas administrativas y la eterna burocracia que caracterizan la formación de una empresa son algunas de las razones por las que este índice se estanca en nuestro territorio. No obstante, tendemos a idealizar lo de otros frente a lo que ya tenemos delante de nuestros ojos. Nuestra comunidad es referente en muchos sectores económicos, como el agroalimentario, el naval, el pesquero, el industrial… que siempre han estado ahí y que llevan años generando riqueza.

Galicia no necesita inventarse un relato de futuro desde cero. Ya lo tiene. Está en sus empresas, en sus talleres, en sus fábricas, en sus lonjas, en sus polígonos industriales y en esa red de pequeñas, medianas y grandes compañías que cada día sostienen empleo, innovación y actividad económica. A veces se habla de la empresa como si fuera un problema que administrar, cuando en realidad es la principal herramienta que tiene un territorio para generar oportunidades. Galicia será más fuerte cuanto más fuertes sean sus empresas.

Nuestras empresas destacan por su resiliencia y por su capacidad operativa en tiempos convulsos. Los últimos años no han sido del todo favorables para la creación de nuevas organizaciones. El alza del SMI, los conflictos geopolíticos, nuevos panoramas regulatorios… aun así, Pontevedra se mantiene como la quinta provincia exportadora de España.

Los hay que hablan de lo que falta con tanta insistencia que a veces se olvidan de destacar lo que hay. Y lo que hay, en esta esquina del Atlántico, es más de lo que los titulares suelen recoger. Galicia alberga 18 de los 34 materiales considerados críticos por la UE, recursos estratégicos para sectores como la defensa, la industria aeroespacial o la automoción que el territorio tiene bajo los pies y que por primera vez en catorce años empiezan a activarse con nuevos permisos de investigación y concursos mineros. A eso se suma un plan de suelo industrial que prevé 12 millones de metros cuadrados nuevos antes de 2030, más superficie que toda la creada desde los años ochenta. Es la fotografía de un territorio que tiene capacidad real para crecer.

Es cierto que, tal y como venimos reivindicando desde hace años en la CEP, las infraestructuras juegan un gran papel en la economía. Necesitamos una red de conexiones moderna y eficiente. Y en este contexto, es justo reconocer que la Xunta de Galicia ha entendido que el crecimiento económico no se decreta: se acompaña, se facilita y se trabaja con quienes generan actividad real. La interlocución con la Xunta está siendo fluida, útil y orientada a resultados. La Oficina Económica de Galicia es una buena muestra de ello: casi 40.000 consultas atendidas, cerca de dos mil reuniones celebradas y más de cuatrocientos proyectos de interés para Galicia identificados. Quince de ellos ya se tramitan como Proyectos Industriales Estratégicos, con capacidad para movilizar cerca de 1.500 millones de euros y generar más de 1.400 empleos. No hablamos de declaraciones de intenciones, sino de instrumentos concretos al servicio de la inversión.

Pero debemos seguir demandando un corredor noroeste en condiciones, unas conexiones aéreas eficientes y un transporte por carretera asequible no es un capricho, es una necesidad.

En la CEP vemos todos los días esfuerzos silenciosos de aquellos que no salen en los medios y que dan frutos. Empresas que innovan, que crecen, que salen fuera, que se adaptan y que encuentran nuevas formas de hacer las cosas a pesar de las adversidades. Ese es el verdadero valor de nuestro tejido empresarial.

Por eso, en lugar de solo criticar, lo que tenemos que hacer es prepararnos. Ser más ágiles, eficientes y seguir tomando decisiones con ambición. Tal y como transmitimos a nuestros asociados en nuestra última Asamblea General, el progreso no viene regalado, hay que buscarlo.

Para facilitarlo, debemos abrir la puerta al diálogo. Muchos de los problemas que obstaculizan la entrada de nuevas inversiones en la comunidad radican en las barreras que impiden que los diferentes actores sociales lleguen a un punto en común. Esto es difícil cuando no todos están sentados en la misma mesa.

Galicia no debe instalarse en el lamento, porque tiene muchos argumentos para competir. Lo que necesita es velocidad administrativa, seguridad jurídica, suelo disponible, infraestructuras modernas y una colaboración leal entre empresas e instituciones. Esa es la fórmula. No hay misterio. Los territorios que avanzan son aquellos que convierten la conversación entre Administración y empresa en decisiones, permisos, proyectos, inversión y empleo.

Pontevedra no necesita que le expliquen cómo crear empresas, ya las tiene, y estas crean valor, exportan, innovan y emplean. Tiene sectores que se adaptan y resisten, y una fuerza laboral formada y comprometida. Lo que necesitamos son las infraestructuras que merecemos, un marco normativo a la altura del tejido empresarial y una interlocución ágil, estable y orientada a resultados con las administraciones.

Galicia tiene empresas sólidas, sectores con trayectoria, empresarios comprometidos, trabajadores cualificados y una Administración autonómica que está dando pasos relevantes para facilitar la inversión y escuchar al tejido productivo. Ahora toca acelerar. No desde el ruido, sino desde la cooperación; no desde el conformismo, sino desde la ambición.

Porque Galicia no tiene lastres: tiene industria, talento, recursos, empresas y futuro. Y cuando todo eso se ordena con visión, interlocución y valentía, un territorio deja de preguntarse qué le falta y empieza a demostrar hasta dónde puede llegar.

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