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Opinión | Al lío

José Carneiro

José Carneiro

Subdirector de Faro de Vigo

La PAU no es el final del camino

Dos alumnas repasan sus apuntes antes de un examen de la PAU en la facultad de Telecomunicacións.

Dos alumnas repasan sus apuntes antes de un examen de la PAU en la facultad de Telecomunicacións. / Marta G. Brea

Da un poco de vértigo comprobar que las chicas y chicos que dentro de una semana se enfrentan a la Selectividad, la temida PAU (Prueba de Acceso a la Universidad), han nacido —salvo los repetidores, si es que queda alguno— en 2008, el año de la quiebra de Lehman Brothers y del inicio de la última gran crisis económica internacional. Porque para mí fue anteayer. El tiempo vuela, pero lo que no cambia, a la vista de los relatos de los alumnos y sus familias —no sé quiénes lo llevarán peor estos días—, son los nervios previos a unos exámenes que son importantes, sí, pero que no tienen por qué condicionar el futuro de la generación del crack financiero. Así que, ante todo, tranquis.

Si entre repaso y repaso tienen tiempo para distraerse un poco, les recomiendo el amplio reportaje que el pasado domingo publicó Elena Ocampo sobre cómo llevaron los nervios y el resultado final de las pruebas personajes destacados de nuestro entorno como los escritores Pedro Feijoo y Ledicia Costas, la presentadora Esther Estévez o los físicos Ana Ulla y Jorge Mira. Como resume perfectamente Elena, «para unos fue un trámite, para otros una cuenta atrás angustiosa y, para todos, un rito de paso». Lo dicho, tranquis.

Otra Elena, Villanueva, nos cuenta hoy cómo los institutos de Vigo están dando horas de refuerzo de algunas materias a sus alumnos, con simulacros de exámenes para que sepan a lo que se enfrentan, pero, sobre todo, refuerzo de ánimos, para reducir la presión y que afronten este paso con relativa tranquilidad. Me gusta el mensaje de cierre de un profesor a sus pupilos: «Les deseo todo lo mejor, que lo hagan con calma y, sobre todo, que lo disfruten, que tampoco se acaba el mundo». Pues eso, tranquis.

Hace ahora un año publiqué en este mismo espacio que a mí la Selectividad siempre me recordará dos cosas: por una parte, el calor insoportable que tuvimos que aguantar en las aulas de Teleco en las que nos examinamos; y, por otra, el sabor del Trina de piña, que fue el primer trago que me tomé allí en Teleco al acabar el último examen —de Griego, creo—. Pues vaya tontería, pensarán. En vez de acordarme del texto que nos pusieron en Lengua Castellana —ni idea, la verdad—, me viene a la cabeza el dichoso Trina de piña. Se ve que la memoria es caprichosa. Y que el olfato y el gusto son mucho más poderosos a la hora de generar recuerdos que la vista. Porque, ¿quién no se acuerda del bizcocho de la abuela? ¿O del aftershave del abuelo?

Por eso, dentro de unos años, cuando todo esto haya pasado, la mayoría no recordará ni una fórmula, ni una fecha, ni —como yo— el comentario de texto. Recordará el calor, los nervios, a sus padres más tensos que ellos —una madre me dijo ayer que el día que le den la nota a su niña, con independencia de la que sea, va a llorar de puro desahogo— y, con un poco de suerte, el alivio de salir del último examen pensando que la vida seguía exactamente igual que antes. Porque sigue. Así que estudiad chavales, haced lo que podáis y respirad hondo. La PAU impresiona mucho cuando la tienes delante, pero no deja de ser eso: una puerta, no el final del camino.

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