Opinión | Con lo bien que iba todo
La familia bien, ¡gracias!
Pasan cosas que difícilmente se podían prever. Yo me crie en un momento en que familia era la compuesta por padre, madre, abuelos e hijos, y no hay mas preguntas señoría. Pero esto cambió y ahora la unidad familiar puede ser monoparental, monomarental, plurivarietal, mediopensionista, masculina singular o femenina plural. A mí me parece estupendo, cada uno que se arregle como mejor pueda siempre que no entre en casa ajena. Yo, de hecho, abogo por un modelo de familia que la administración aún no ha reconocido al no mediar sexo entre ellos: el matrimonio entre hermanos. Déjenme explicarme aquellos que se han rasgado las vestiduras. Supongamos dos hermanos que han vivido siempre juntos, que uno trabaja y gana salario y el otro cuida la casa y se ocupa de las tareas. A la muerte del trabajador cotizante, nada le queda a aquel que si hubiera sido pareja cobraría una pensión. No difiere la situación de la de una pareja convencional, salvo aquello que sucede entre el ombligo y las rodillas y que no es asunto del ministerio. Pero no era esto a lo que yo venía, sino a hablar de las consecuencias imprevistas de los cambios cuales sean. Jugando a las cartas de las familias con mi sobrino he podido comprobar que las nuevas generaciones tienen bien interiorizado el concepto de unidad familiar diversa. Cuando uno forma familia baja las cartas y gana el que mas unidades con todos sus miembros haya reunido. La diferencia está en la idea de familia que tiene mi sobrino. Se ha bajado un grupo compuesto por Abuelo Chino, Madre Bantú, Hijo Tirolés e Hijo Esquimal. Sostiene que son familia válida. Por lo visto el Abuelo Chino iba en viaje a África comprando países y conoció a Madre Bantú, la traductora que le puso la embajada, y fue un flechazo. Los niños se enamoraron en un Erasmus en Bolonia. Por otro lado Padre Tirolés casó con Padre Chino y pusieron un concesionario BYD en Pereiro de Aguiar (Ourense), y dieron trabajo lavando coches a Hija Árabe y en taller a Padre Mejicano que antes arreglaba Toyota a las afueras de Los Mochis (México). Madre India y Madre Tirolesa son pareja de hecho y diputadas en el parlamento europeo, y adoptaron a Abuela Esquimal e Hija Bantú que están desconcertadas viviendo en un piso que le puso el partido en Bruselas. Abuelo árabe, Abuelo Tirolés y Abuela Mejicana encontraron plaza en una residencia de la Xunta. Los demás fundaron una secta y viven en amor libre mientras les dure la indemnización que tuvo que pagar Heraclio Fournier por los derechos de imagen desde que salió la baraja a la venta hasta nuestros días.
Así la cosa, mejor me quito de en medio para la próxima vez que pregunten por mí: ¿Padre Gallego? No está en casa.
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