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Opinión

Vigo

Rafa de Floripa

Mi amigo Rafa.

Mi amigo Rafa. / FDV

Cuando vivía en Ourense mi amigo Miguel tuvo a bien abandonarme, a mí y al resto del grupo. Es ese tipo de persona que siempre se sale con la suya, por guapo o por la forma en la que es el indiscutible centro de atención. Tiene una pluma muy teatral, que te apela y te envuelve en la trama haciéndote sentir también un personaje protagonista. Nos dejó para irse a Florianópolis a trabajar, a hacerse el exótico vaya. Un año más tarde regresó por dos y trajo a nuestras vidas a Rafa, su novio brasileño.

Rafa es una persona de la que te das cuenta. Primero, porque es el único negro del grupo y, segundo, porque siempre dice lo que piensa. En sus primeros meses lo llevamos al monte de magostos y dijo experimentar una extraña sensación. Apreciaba el folclore, pero lo de sentarse en la tierra no lo veía y ser el único extranjero (al menos aparentemente) le causaba rechazo. Yo le pregunté si se sentía discriminado y él me explicó que cuando eres negro en un lugar mayoritariamente blanco se da una dualidad: por una parte, te miran más, tu piel destaca. Por otra, tú mismo te autoconvences de que estas sistemáticamente siendo observado. En la Universidad, donde estuvo estudiando un máster, una profesora valoró positivamente su «integración». «Como si fuese una persona de segunda que logra lo imposible», me dijo.  Son pequeños gestos que se suman uno a uno, que te hacen estar alerta, y que se confirman cuando resuena en las calles o en las redes la tontería esa de la prioridad nacional.

Pese a estar en situación privilegiada, bajo el respaldo de la familia de Miguel, Rafa buscó trabajo y estudió al mismo tiempo.

Así lo intentan (y hacen) las miles de personas migrantes que vienen a España cada mes. Además de una imposible burocracia, que demasiadas veces los asfixia y les impide avanzar, tienen que atenerse a las nuevas ideas (más bien desfasadas) que florecen entre viejos y jóvenes. Tienen que aturar a una derecha que asegura que van a violar a no sé quién o que le van a robar el trabajo a no sé cuántos. Es la derecha ultra e ignorante, conformada por individuos que realmente no quieren saber qué es lo mejor para su amado país.

No hay que hacer grandes esfuerzos para saber cómo gracias a su presencia se salvan numerosos puestos de difícil cobertura. La construcción, el transporte o el sector servicios pueden dar buena cuenta de ello. Además, lo hacen con peores condiciones o estando sobrecualificados, desperdiciando los años que gastaron en formación. Es un beneficio mutuo en el que ellos pierden más que el resto. El último catálogo del Observatorio Español del Racismo y la Xenofobia muestra que las diferencias salariales brutas entre población extranjera y autóctona alcanzan el 23% y aumenta hasta el 25% en el caso de las mujeres.

Todo esto por no recurrir a lo típico, aunque evidente: nosotros fuimos lo mismo hace no tantas décadas. ¿Qué cambia ahora?, ¿el nivel de melanina en el cuerpo?

Y ojo, en Galicia, que se supone que sabemos mejor que nadie como van las cosas, no estamos exentos de caer en fosas de ignorancia y llevarlas al extremo. La última estadística del Ministerio de Interior que recoge los delitos de odio que acabaron en el juzgado cifra en 12 las infracciones penales por racismo o xenofobia. Son del año 2024. O sea, del otro día.

Yo doy gracias de que Miguel se ligase a Rafa. Desde que lo conozco no dejo de aprender sobre algo que creía sabido. No hace falta ser ni saber nada para no ser un racista, solo sentarse a escuchar y mirar más allá del espejo.

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