Opinión | Al lío

Subdirector de Faro de Vigo
Tontos o millonarios

Un avión de Iberia, en pleno aterrizaje en Peinador. / Pablo H. Gamarra
A veces tengo la sensación de que a los vigueses —y aquí meto en el lote a todos los habitantes del sur de la provincia: fuera localismos— nos toman por tontos o por millonarios. Yo millonario no soy, así que seré tonto. No sé ustedes. Digo tontos porque nos hemos acostumbrado a pagar de más por servicios que en otras partes son más baratos o incluso gratuitos. Y lo que acaba de hacer Iberia con sus vuelos en Peinador los domingos —la aerolínea española ha reducido a dos sus conexiones en jornada dominical, disparando los precios mínimos por encima de los 180 euros, como bien ha desvelado Víctor Currás— es solo un ejemplo de la larguísima lista de agravios que tenemos que soportar. Lo dicho: tontos o millonarios.
Es que tiene tela, nunca mejor dicho. Además de tener menos destinos que otros aeropuertos, los vuelos son más caros, como si fuese verdad la famosa ley de la oferta y la demanda (nótese la ironía). Hace bien el alcalde con eso de que va a recurrir la decisión de la filial de IAG ante Competencia. No tiene justificación. Pero no solo hablamos de vuelos: los vigueses pagamos más que la media en peajes de autopista —el atraco de la AP-9, que ahí sigue facturando pese a los recelos de Europa, la sombra de un posible rescate, el amago de su transferencia a Galicia y demás—, gasolinas —otro caso de manual para la CNMC; no sé a qué esperan los hombres de negro de Competencia para tomar cartas en el asunto—, seguros de coche —dicen que por la elevada siniestralidad; con las carreteras y autovías que tenemos, como la A-55, la mayor parte de las pólizas la deberían sufragar las administraciones—, alquileres —de viviendas y de garajes—… ¿Sigo? Vale: tren —caro y sin AVE directo—, hostelería —dirán que no, pero sí—, algunas tasas e impuestos locales —también dirán que no los consistorios—… Y no, no me creo que la mayoría de ustedes sean millonarios. Ergo…
Somos tontos. Pagamos… cuando no hay más remedio. En el caso de los vuelos, los que no somos millonarios dirigimos la mirada hacia otras terminales que, mejor gestionadas o dopadas hasta las cejas —es decir, subvencionadas—, permiten viajar sin dejarse un ojo de la cara por el camino. No sin cierto sentimiento de culpa —al menos en mi caso—, porque todo esto va en detrimento de Peinador, pero es que la diferencia de precios en algunos casos es abismal. Vuelvo al ejemplo de Iberia. Busco viaje para el domingo 31 de agosto y no encuentro asiento por menos de 300 euros —menos mal que en Air Europa queda alguno por 79 euros—. Solo la ida, ojo. Miro entonces —con tristeza y envidia— hacia el sur, a Sá Carneiro, y encuentro plazas por 50 euros. Doscientos cincuenta euros de diferencia por coger un avión en aeropuertos separados por una hora en coche.
Al final, el problema no es pagar más una vez. El problema es haberse acostumbrado. Asumir que vivir en esta tierra nuestra implica repostar más caro, viajar más caro, pagar peajes eternos y aceptar servicios peores a tarifas premium. Así que, en qué quedamos, ¿tontos o millonarios? Porque luego dirán que los vigueses protestamos por protestar, cuando en realidad lo que hacemos es algo bastante más simple: echar cuentas. Y, visto lo visto, salen siempre a pagar los mismos.
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