Opinión
Cultura del recuerdo, de las víctimas a los ejecutores
Durante años, el mundo consideró a Alemania un país modélico por lo que allí llaman Erinnerungskultur: literalmente «cultura del recuerdo». Es decir, el intento de mantener viva la memoria colectiva de los crímenes del Tercer Reich y asumir la responsabilidad por lo ocurrido.
La «cultura del recuerdo» ha hecho siempre hincapié en las víctimas, sobre todo las víctimas judías, sin prestar apenas atención en cambio a los ejecutores. Eso es lo que se ha propuesto corregir el semanario Der Spiegel, que, con ayuda de la inteligencia artificial, ha buceado en el banco de datos de los Archivos Nacionales de Estados Unidos.
La revista ha puesto a disposición de los ciudadanos lo que conservan y por primera vez han digitalizado y puesto en la red esos archivos sobre el período más siniestro de la historia alemana. Según el semanario , cualquier alemán podrá bucear ahora en su pasado familiar y enterarse de si su abuelo o cualquier otro antepasado fue miembro del Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán (NSDAP) o de las distintas organizaciones del régimen hitleriano.
Se conservan alrededor de doce millones de tarjetas de los que militaron en las filas del Partido Nazi con las fechas de afiliación de los miembros, junto a las fotos correspondientes. Esa cifra corresponde, según la revista, a entre un 80 o un 90 por ciento de los afiliados en su día al NSDAP.
Antes de que Der Spiegel publicara su banco de datos, un millón y medio de alemanes habían tratado de conocer detalles de la militancia política de sus antepasados recurriendo directamente a los Archivos Nacionales de Washington, tarea complicada pues los documentos ocupan miles de páginas de microfilmes digitalizados.
Desde que el semanario publicó su propio archivo de datos, más de 2,3 millones de ciudadanos han tratado de acceder al mismo para bucear en la historia familiar y ver si sus abuelos habían militado en cualquiera de las organizaciones de aquel régimen genocida.
Como ocurrió en España tras la guerra civil, en el seno de la mayoría de las familias alemanas apenas se habló, caído el Tercer Reich, de lo que habían hecho los padres o los abuelos durante aquellos años. Era mejor olvidarlo para evitarse disgustos.
Hay, sin embargo, quienes se muestran hoy escépticos sobre la cultura del recuerdo como especialidad de la nueva Alemania democrática y la califican de moda pasajera o de «oportunista», sobre todo porque no cuesta nada a quienes la practican.
Más importaría en cualquier caso que, en lugar de acogerse a la memoria del Holocausto para justificar hipócritamente los crímenes de hoy, como el genocidio por Israel del pueblo palestino, y perseguir a quienes los denuncian, los políticos actuales los condenaran abiertamente.
O que, en lugar de intentar dotar a Alemania del más fuerte ejército convencional de Europa, como pretende el actual Gobierno de Friedrich Merz con el apoyo de la mayoría del Parlamento, recordaran la tragedia que el militarismo alemán supuso para Europa en las dos guerras mundiales. ¿Aprenderán alguna vez?
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