Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión

Irene Bascoy

Irene Bascoy

Subdirectora de Faro de Vigo

Rueda, el reverso de Ayuso

El presidente gallego, Alfonso Rueda, e Isabel Díaz Ayuso.

El presidente gallego, Alfonso Rueda, e Isabel Díaz Ayuso. / EFE

Tras perder Juanma Moreno Bonilla la mayoría absoluta en Andalucía, Alfonso Rueda e Isabel Díaz Ayuso se convierten en los últimos diques de contención del PP para frenar el avance de VOX. Rueda encarna la vía moderada, resiste frente al partido de Santiago Abascal desde el centro, y apoyándose en una maquinaria territorial, la del PPdeG, muy potente y una identidad política articulada en torno al galleguismo que deja a Vox sin espacio en la comunidad. Ayuso, en cambio, endurece el discurso, polariza, convierte Madrid en una trinchera ideológica y deja a Vox sin demasiado espacio propio. Una derecha templada, versus una derecha combativa. Rueda y Ayuso como reversos.

Había muchos en el PP que ansiaban la mayoría absoluta de Juanma Moreno como la gran prueba de que desde el centro y la moderación se podía contener a Vox, pero el PP ganó en Andalucía con claridad, y sin embargo se quedó en 53 escaños, dos por debajo de la mayoría absoluta, y necesitará al menos la abstención del partido de Abascal para gobernar.

Después de los comicios andaluces, la pregunta es si el oasis gallego, la única comunidad donde la extrema derecha no tiene representación, es un modelo extrapolable al resto de España o una rareza en el contexto político estatal, una anomalía que muchos querrían para sí.

Rueda se presenta como un presidente amable, institucional, poco dado al choque cultural y más gestor que agitador, pero sin olvidar que en todo este tiempo ha conformado una Xunta y un PP a su medida y sin miramientos (otros se lo hubieran pensado más antes de cargarse las dos vicepresidencias de la Xunta). Tampoco da tregua al BNG. Rueda encarna una vía para frenar a Abascal sin imitarlo, pero Galicia no es Andalucía y tampoco es Madrid. Y no basta con un presidente que juega a ser moderado. El PP gallego posee singularidades históricas que no se improvisan: décadas de implantación en el territorio, sobre todo en el rural, un caladero donde Vox ha cazado votos en otras comunidades; juega a ser una derecha poco ideologizada con marcados tintes galleguistas y con capacidad para presentarse como algo más que una franquicia estatal.

El resultado andaluz también es un aviso para el PPdeG. Galicia no está condenada a la entrada de Vox, pero tampoco está vacunada para siempre. El PPdeG, sabiéndose oasis, debe permanecer alerta. Si la política autonómica se contamina del marco madrileño o si emergen conflictos donde Vox pueda capitalizar el malestar (inmigración, inseguridad, …), se encenderán las luces de emergencia. El PP gallego actúa ahora como un dique de contención frente a Vox, pero una simple vía de agua puede causar estragos.

Alberto Núñez Feijóo llegó a Madrid para sustituir a Pablo Casado con la autoridad de yo sé ganar mayorías sin Vox porque lo hice en Galicia. Pronto renunció a replicar el modelo gallego y se vio absorbido por Ayuso. Si Moreno Bonilla hubiera revalidado este domingo la absoluta, los defensores de la vía centrista podrían reivindicar con más ahínco una estrategia en la que el PP se podía presentar como el partido del voto útil, el partido que frena el avance de Abascal, que lo invalida sin imitarlo.Hoy están más pobres de argumentos.

Las elecciones andaluzas refuerzan a Feijóo contra Pedro Sánchez (el PSOE perdió dos escaños y hundió aún más su suelo), pero lo debilitan ante Abascal. El PP gana, sí, pero queda atado a VOX. Y para el PP es una victoria con letra pequeña.  

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents