Opinión
Dejar el examen en blanco
Ahora que se acerca el final de curso, está el profesorado liadísimo corrigiendo exámenes. Al igual que ocurre con el cambio de hora, siempre alguien saca el tema de la objetividad de estas pruebas pero pasa otro año y... poner patas arriba todo el sistema es cosa de un coronavirus, y para eso, una vez cada centuria. Por ello siguen prevaleciendo esos test injustos. Como el tinglado está montado para chapar; para oír, ver y callar, pues tampoco el resultado es tan desastroso. Si durante primaria, la ESO y el bachillerato el método es idéntico pues sobra tiempo para adaptarse, logrando -cuando menos- algo de provecho.
Sin embargo, por el camino siempre queda algún examen en blanco. Y pienso en esa cabeza que se niega a responder ni la más sencilla de las preguntas. Un control que, salvo por el nombre, es como si se quedara en una mesa vacía. ¿Cómo puede ser eso posible? Ni una sola cuestión resuelta. Ya. Una situación familiar complicada. Sí, claro. Las situaciones familiares. Que en casa haya bronca día y noche. Que falte la comida o la calefacción. Incluso la ropa. Incluso los padres. Pero… ¿en blanco? ¿Completa y absolutamente nada sin contestar? Bufff. (Suspiro profundo).
Me gustaría saber qué le ocurre a alguien que deja los ejercicios sin cubrir. A parte de los socorridos motivos, ¿será que la asignatura es un tostón?, ¿que quien la imparte aburre hasta a las ovejas?, ¿que su sistema pedagógico caducó hace veinte años?, o es posible -por un casual- que después de siete meses de curso el equipo de orientación, el personal de apoyo y el sustituto -que llegó rebotado en octubre- aún sigan desconociendo lo que pasa con ese alumno sentado al fondo. Ya. Una situación educativa complicada. Sí, claro. Las situaciones educativas. Que en el centro haya lío día sí y día también. Que falten los medios o las ganas. Incluso los profesores. Que las aulas estén saturadas y el equipo directivo ocupe el cargo por imperativo legal (deseando soltarlo en junio). Mientras, de las diez preguntas, ni una respondida. Buffffff. (Otra espiración).
Eso sí, al final de mes la nómina llega con independencia de los exámenes en blanco, de los suspensos y los aprobados. De que los profes puedan aparcar dentro del recinto o se acerquen caminando. Llega. Aterriza en la cuenta como una declaración de amor, ese mensaje agradecido que Román envía a todos los docentes gallegos, que en boca de Abel sería un: «¡Os quiero!». Y lo sé, si no eres tú, si pones lo mejor de ti, si lo intentaste por activa y por pasiva, hasta propusiste refuerzo educativo y una ayuda a la orientadora pero nada. Pues déjalo así, en blanco.
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