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Opinión | El boletín del Director

Rogelio Garrido

Rogelio Garrido

Director de Faro de Vigo

La familia

El director de FARO, Rogelio Garrido, analiza los temas claves de la actualidad de esta semana

El director de FARO, Rogelio Garrido, analiza los temas claves de la actualidad de esta semana

El director de FARO, Rogelio Garrido, analiza los temas claves de la actualidad de esta semana / FDV

«Yo ya he asumido que acabaré en una residencia porque no tengo hijos. Es muy diferente mi situación a la de los que tenéis familia, porque os cuidarán». La confesión resignada de una responsable pública, durante una conversación sobre dependencia, me dejó un poco descolocado. Por la cabeza de mi interlocutora, de mediana edad, ya rondaba cómo sería su tramo final de la vida. «¿Familia? Sí, claro, y si luego los hijos se van a vivir fuera, ¿cómo nos van a cuidar: por videoconferencia?», le repliqué yo, buscando complicidad. En nuestro diálogo se daban por hecho demasiadas cosas: que fuésemos a vivir mucho tiempo, que hubiese plazas de residencia cuando llegase el momento de tomar una decisión y, last but not least, que pudiésemos pagarla (porque me da que la oferta de las vacantes públicas nunca será capaz de satisfacer una demanda que crece de forma exponencial). La despedida de nuestra conversación («por favor, Roge, seguid dando caña con la dependencia, necesitamos muchos más recursos; la situación empieza a ser insostenible») me dejó un sabor agridulce. Por fortuna en mi trabajo rápidamente surgen otras cuestiones que te hacen pasar página, que espantan los pensamientos oscuros, aunque siempre quede algo ahí, rumiando en tu cabeza (¿qué será de nosotros?).

En fin, que esta semana en FARO hemos publicado varias informaciones que entroncan directamente con este asunto. En una poníamos cifra a los cuidados que los familiares dedican a sus mayores dependientes, es decir, la atención no profesional en el hogar. Si hubiese que pagar esa dedicación habría que poner más de 5.000 millones de euros. Sí, habéis leído bien: 5.000 millones anuales. Un dinero que se ahorran las administraciones públicas por un servicio que está prestando la familia, y por ser más precisos, generalmente por sus miembros femeninos (hijas, hermanas, nietas, sobrinas…). Ahí va un dato para dar contexto: en Galicia hay 280.000 hogares ocupados solo por personas mayores de 65 años. En casi la mitad de los casos, las casas solo tienen un residente. Algunos alegarán que no es lo mismo vivir solo que sentirse solo. Tienen razón. Los que confiesan sentirse solos, sin familia ni amigos ni una mínima red social a la que aferrarse son 36.000 personas. Una barbaridad. Sobre todo si pensamos que el dato surge de una confesión y el carácter gallego es, por naturaleza, poco dado a airear as súas cousas.

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A algunos les puede parecer hasta feo mezclar en la misma frase dinero, cuidados y familia. Como si al amor hacia los mayores no se les pudiera poner precio. Qué error. No solo se puede, sino que se debe cuantificar. Otros lo hacen sin ningún rubor y ven en ello un fantástico modo de hacer dinero. Así, por ejemplo, las residencias de mayores se han convertido en una excelente oportunidad para la inversión privada. En Vigo, la mitad ya están en manos extranjerasY los precios se acercan cada vez más a los 3.000 euros. Casi nada. Sin embargo, y más allá del dinero que mueven, en ellas nuestros mayores acabarán encontrando, con suerte, otra familia formada por residentes y trabajadores. Sé que no es conveniente generalizar porque siempre salta algún caso de mala praxis, pero mi experiencia personal me dice que en las residencias trabaja una gente admirable; profesionales entregados para hacer la vida más cómoda y feliz a unos mayores que, por un millón de razones diferentes, han tenido que renunciar a su hogar. Y ese afecto, dedicación y calidez que emiten en sus gestos y palabras, eso, amigos, es impagable.

Hablando de familias, Solidaridade Galega co Pobo Saharaui busca veinte que quieran acoger este verano a niños que residen (por ser finos) en campamentos en el desierto argelino. Galicia ha destacado por ser uno de los territorios más sensibles a la hora de darles un hogar durante las vacaciones estivales a unos críos que viven en unas condiciones muy duras (impuestas por nuestro amigo marroquí). Estoy convencido de que este año volverá a ser lo mismo, porque en la experiencia ganan unos y otros. Pero, repito, todavía quedan veinte chicos esperando. Los interesados podéis llamar al 986262637.

¡Buen finde!

P. D.: Esta semana nos visitó una promesa del periodismo. La joven estudiante quería ver de cerca cómo trabajamos, nuestro día a día. Durante su estancia mostró inteligencia y sensatez, pero sobre todo entusiasmo, incluso pasión, por un oficio tan denostado. Su experiencia en esta casa (incluso asistió a la reunión de primera página) ratificó su decisión de ser periodista (algo que a sus padres, confesó, no les emocionó al principio). Su paso dejó una bocanada de aire fresco. Quizá algún día, quién sabe, ella forme parte de la gran familia de FARO. Como no podía ser de otra forma, se fue con deberes (aquí nada es gratis). Así que, Alba, no te despistes y envíame lo prometido. La rotativa está esperando.

Email: director@farodevigo.es

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