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Opinión | Al lío

José Carneiro

José Carneiro

Subdirector de Faro de Vigo

Veinte años de la primera Navalia

Stand del grupo Armón, en una edición anterior de Navalia.

Stand del grupo Armón, en una edición anterior de Navalia. / Marta G. Brea / FDV

Va a ser verdad eso de que el tiempo vuela, porque me cuesta creer que hayan pasado ya veinte años de la primera edición de Navalia, la Feria Internacional de la Industria Naval de Vigo. Fue en el feliz 2006, cuando los astilleros de las rías de Vigo y Marín lideraban con puño de hierro —curiosamente, como ahora— la construcción naval civil en España, antes de la gran crisis financiera internacional que importamos de Estados Unidos, de las huelgas del metal más cruentas del siglo XXI y, por supuesto, del torpedo en la línea de flotación que supuso la denuncia falsa del tax lease —el sistema de bonificaciones fiscales que utilizaba el sector para competir en precios— por parte del lobby naval holandés.

Abro la hemeroteca y también los ojos al comprobar que aquella primera edición la cubrió un servidor para esta casa —no lo recordaba— y que, mal que nos pese, los desafíos del sector siguen siendo, en buena medida, los mismos dos décadas después.

El naval vigués respiraba entonces un exceso de optimismo. Los organizadores, con Pucho Viñas al frente —por aquel entonces también presidente del extinto Hijos de J. Barreras—, preveían un volumen de negocio en torno a la feria de 2.400 millones de euros. Y Navalia arrancaba con un objetivo que, salvo casos concretos, sigue sin resolverse del todo: el desarrollo en Vigo de una industria potente de bienes de equipo, ya que estos suponían entonces —y ahora, probablemente más— el 50% del valor total de un buque.

Pucho Viñas, Fernando Santodomingo, Fernando Blanco y Corina Porro, en la inauguración de Navalia.

Pucho Viñas, Fernando Santodomingo, Fernando Blanco y Corina Porro, en la inauguración de Navalia. / M. N.

Los astilleros aprovecharon aquellos tres días de feria para exhibir sus capacidades, negociar con potenciales armadores y navieras y la industria auxiliar —que la hay y mucha— para presentar sus innovaciones. No puedo evitar ir a la portada de FARO de la primera jornada y reconocer a la exalcaldesa Corina Porro, al exconselleiro de Industria Fernando Blanco, a Pucho Viñas con su melena y a Fernando Santodomingo, presidente de las desaparecidas Factorías Vulcano.

Las vueltas que da la vida para regresar al mismo sitio, ¿verdad?

Releo lo publicado y me encuentro con otro histórico como José María Hidalgo (Asime), del que recuerdo, además de su voz ronca, que era grande como una montaña —y para que lo diga yo ya tiene que serlo— y peleón como él solo. Y también reaparece otro proyecto que, como el Guadiana, ha ido entrando y saliendo del punto de mira del naval vigués. Una de las grandes oportunidades que tenía —y sigue teniendo— la ría, y que continúa ahí, a la espera de que alguien la haga realidad: la creación de un centro de reparaciones navales.

La Consellería manejaba entonces un informe que cifraba el coste del complejo —instalaciones, diques, lámina de agua y demás— en unos 50 millones de euros, con unas necesidades de espacio de 150.000 metros cuadrados. Pues mira que desde entonces no hemos escrito páginas y más páginas —y ahora también unas cuantas URL— sobre una idea que parecía hecha a medida para Metalships & Docks por sus condiciones privilegiadas de abrigo, calado y ubicación. Y las que vendrán…

Veinte años después, Navalia sigue ahí, y eso ya dice mucho. Pero dice aún más que buena parte de las oportunidades, carencias y deberes pendientes del naval vigués sigan sobre la mesa. El sector ha resistido, ha cambiado, se ha rehecho y vuelve a sacar músculo. Ahora solo falta que, además de mirar al mar, se decida de una vez a rematar algunas de las viejas asignaturas pendientes. Porque ferias habrá muchas, pero trenes —o barcos— que pasen dos veces por el mismo muelle, no tantos.

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