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Las cosas de Borja
El análisis semanal del presente, pasado y futuro del deporte con Juan Carlos Álvarez

Newsletter de actualidad deportivo por Juan Carlos Álvarez
¿Qué se le pasa por la cabeza a un futbolista en el momento de tomar una decisión? ¿Cómo funciona ese complejo engranaje mientras el corazón intensifica el bombeo de sangre y el tiempo apenas existe? ¿En qué piensa Borja Iglesias cuando la pelota de Williot se queda amortiguada por el defensa y bota caprichosa delante de él mientras Oblak se aproxima reduciendo todo lo posible el tamaño de la portería? En ese instante mágico el delantero elige una solución tan genial como temeraria. Puerta grande o enfermería. El Instagram lleno de corazoncitos de colores y piropos desmedidos o un nuevo aluvión de odio y tiernas peticiones de que se vaya a “robar” a otro sitio. Así funciona el razonamiento medio del aficionado con cuenta en redes sociales. Imaginen por un momento que ese balón termina manso en los guantes del portero del Atlético de Madrid. Borja, cuerpo de estibador portuario y alma de bailarín (ya utilicé alguna vez esta expresión pero me gusta lo suficiente como para repetirla), elige el único camino que no admitirá el perdón en caso de fracaso. Nadie le reprochará un leñazo a la grada, un remate ligeramente desviado o un rechace del portero (el esloveno, tradicional ogro del Celta, debía sentirse extraño el sábado por su escasa actividad). Serían fallos con coartada, que tendrían alguna defensa en el juicio sumarísimo de Twitter, que tal vez encontrarían un Henry Fonda que convenciese a los “Doce hombres sin piedad” de su inocencia. Pero Borja toma el camino que solo conduce al linchamiento en caso de descalabro. Todo ello después de un partido donde por momentos parecía tener bloques de hormigón en los pies para que los controles se escapasen medio metro más de lo recomendable. Detalles que merman la confianza en uno. Pero aún así, en el momento de inclinar el partido mientras ese balón le mira preguntándole qué piensa hacer, Borja Iglesias se dejó llevar por su instinto, por su genio. Otra cosa hubiese sido una traición a sí mismo. Y eso es lo que distingue a los futbolistas, lo que hace que unos lleguen y otros no, lo que permite que un tipo como él construyese una carrera tan sólida en la élite y haya sido capaz de sacar la cabeza en los malos momentos, de resistir la erosión que en un mundo como el fútbol le acarrea ser un tipo con criterio y con un discurso valiente en asuntos que a los futbolistas se les recomienda evitar. Ante Oblak tuvo esa personalidad cuya ausencia impide a muchos otros alcanzar ese cielo que está reservado solo a unos pocos. Si algún día este equipo se ve en la tesitura de jugarse algo serio en una tanda de penaltis (me acaba de correr un extraño escalofrío por la espalda) dejen que Borja tire el primero. No habrá otro mejor para ese trance.
El gol de Borja, a lo tonto, coronó un ejercicio de resistencia en el Metropolitano (la prueba de que el Celta puede haber perdido juego en los últimos meses, pero mantiene el alma) ha puesto al equipo a un palmo de asegurar su presencia un año más en Europa (decimos y asumimos con naturalidad sucesos extraordinarios). Y de paso también aleja el debate absurdo de la semana -no descartemos que reaparezca- que tenía que ver con la conveniencia de clasificarse para la Conference League bajo el irresistible argumento de que así es más fácil acercarse a un título. Extraño mecanismo el que prefiere ver al Celta enfrentarse al Jagiellonia polaco que al Olympique de Lyon (por citar un ejemplo reciente). Para este equipo, como bien dijo Claudio, estar en Europa será una conquista gigantesca sea cual sea la competición, pero una vez en la rueda pensemos siempre en grande. Más dinero, más prestigio, más orgullo…pensemos como Borja Iglesias ante Oblak.
Tu reino no es de este mundo
Nos estamos especializando en contar derrotas en grandes partidos y les aseguro que empieza a cansar. Le ha vuelto a tocar al Mecalia Guardés en la final de la Copa de la Reina donde se vieron superadas por un Bera Bera que tenía todo a favor. El año pasado el derrotado en la última instancia fue el Porriño en la EHF. Desde hace tiempo, desde aquella Liga de las guardesas previa a la pandemia, el balonmano femenino gallego ha llegado a las puertas del título pero allí se quedaron sus esperanzas. En unas semanas las guardesas volverán a intentarlo en la EHF European Cup. Llegará ese día. Mientras, queda sentir orgullo por el trabajo que estos equipos vienen realizando por el bien de sus comunidades y del deporte gallego.
No tengo tiempo para más. Mi cuerpo me manda señales extrañas después del chaparrón recibido anoche y eso obliga a tomar medidas que la semana viene intensa. Aprovecho para mandar un caluroso saludo al querido Javier Tebas y a su mono de los horarios que ha colocado un partido crucial con Europa y el descenso en juego a las siete de la tarde de un martes.
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