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Opinión | El correo americano

Vigo

Marco Rubio y el estilo presidencial

Marco Rubio con Giorgia Meloni en su reciente visita a Italia.

Marco Rubio con Giorgia Meloni en su reciente visita a Italia. / Roberto Monaldo

Estos días se ha comentado mucho el momento en que el secretario de Estado Marco Rubio hizo de secretario de Prensa por un día en lugar de Karoline Leavitt. El momento se parecía bastante a una escena de El ala oeste de la Casa Blanca, en la que Josh Lyman, ayudante del jefe de personal del presidente Barlet, reemplaza a C.J. Cregg. Lyman creía que lidiar con los periodistas en una rueda de prensa era un asunto fácil, hasta que descubre que, en realidad, es uno de los trabajos más difíciles. Lo esencial de ese momento es que Rubio, según analistas y seguidores, sonó muy presidencial, especialmente cuando habló del excepcionalismo americano. Parecía sincero, sentido, reaganiano. Rubio se mostró optimista sobre el país y exhibió un patriotismo sereno. Pero lo que llamó verdaderamente la atención es que Rubio se expresó correctamente, con educación, colocando las palabras en su sitio, completando las frases. Algo insólito en su jefe. Hizo que el público, acostumbrado a las groserías del comandante en jefe, experimentara, aunque solo fuera por un momento, lo que se siente al tener ese tipo de presidente que entiende que la presidencia prevalece sobre la persona que la asume.

La paradoja de los halagos

Lo curioso es que los halagos procedan de los fanáticos de Trump. Esto no deja de ser una paradoja, porque, en cierta manera, celebran aquello que su líder es incapaz de realizar. Es más, representa lo contrario. A Trump, sin embargo, le justifican todo: los insultos, el pobre manejo del idioma, el no saber estar, las faltas de respeto a las instituciones, empezando por la tribuna desde la que habla... Lo poco presidencial que, en efecto, suena. Algún día alguien tendrá que contar cómo muchas personas aprobaron el comportamiento de un presidente que, probablemente, no les permitirían a sus propios hijos. Es un caso de patología colectiva; gente aparentemente seria y mentalmente estable esgrimiendo argumentos imposibles en defensa de esa actitud chabacana, legitimando la ordinariez.

Rubio como candidato pos-Trump

Rubio, para muchos, es el candidato ideal pos-Trump. Un hombre que puede cargar y proteger las esencias del movimiento MAGA desde la formalidad. Un trumpismo maduro y con adultos en la habitación. Algunos comentaristas de derechas se han emocionado con este vídeo en el que Rubio parece un tipo respetable, convencional, más insider que outsiderEntonces uno se pregunta por qué lo que funciona en Rubio no funciona en Trump. O, más bien, por qué lo que importa en Rubio no importa en Trump. El misterio persiste. Aunque parte del éxito de Trump es ese: haber convencido a sus votantes de que puede hacer y decir lo que le da la gana porque no se espera más de él. Del presidente de los Estados Unidos.

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