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Opinión

Vigo

¿Qué haría Lena Dunham?

Un fotograma del capítulo de «Girls» en el que pasan unos días en los Hamptons.

Un fotograma del capítulo de «Girls» en el que pasan unos días en los Hamptons. / HBO

El verano es para muchas un campo de batalla. Hasta ahora siempre había sorteado los complejos corporales, pero este 2026 parece que me alisto a filas. Y no voy sola. Es una conversación recurrente entre café y café con compañeras de trabajo y amigas. Tampoco pretendo hacerme la víctima, como me dicen algunas «llegas tarde». Mi amiga Candela me increpó recientemente y me dejó claro que se alegraba de que hubiese engordado: «Ahora sabes lo que se siente», me espetó. Qué tía. Si me dijese que ella escribió el guion de Chicas Malas (2004) me lo creería. Pero es cierto que siempre estuve en situación de privilegio y me doy cuenta de lo absurdo que sonaba decir «no te preocupes por eso» o «estás estupenda» para alguien que no podía verlo. Tampoco me victimizo porque yo no dejo de hacer mi vida, no me importa tanto que mi cuerpo cambiase con la edad. Pero si me preocupa sociológicamente. He visto a chicas renunciar a planes para evitar comer de más, intentos frustrados de ir a un dietista que te ayuda a adelgazar a cambio de un sacrificio mastodóntico y a «runners» que se fastidian las rodillas a las dos semanas porque su cuerpo no está acostumbrado a ese nivel de esfuerzo. Y todo para mientras asistir a un eterno «te obsesionas demasiado» o «tú lo que tienes que hacer es…». En los 90 fue el heroin chic y ahora es la era 0% alcohol y azúcares y 100% gimnasio. No hay cabida ya para cuerpos extraños. Las redes sociales son un mar de gurús que te enseñan cómo hacer tu primera dominada, cómo ir al súper y elegir el pan más insípido del planeta o cuánta proteína necesitas para sabe Dios qué. Comprar ropa es otro loco mundo (aquello de las disidencias en las pasarelas se fue por donde vino y aplica en los bajos costes) y realmente parece que tomarte un helado en verano está al nivel de meterte una raya de cocaína.

En mi caso, si alguna vez se me nubla la vista me limitaré a pensar en Lena Dunham, escritora y creadora de la serie Girls (2012-2017). A ella todo le importa un comino. Lleva años exponiéndose, gorda, y sin inmutarse, hace y dice lo que le da la gana en pantalla y fuera de ella.

 Cabe mencionar en esta sección de «sobrepensando en la playa» la depilación. En contextos heteronormativos se da por hecho que vas a llevar las piernas y otras extremidades perfectamente rasuradas. Amigas que admiro no lo hacen y, mientras una parte de mí quiere ser como ellas, otra no puede evitar pensar ¿seguiríais sin depilaros si no fueseis guapas de cara?

Julia Roberts presumiendo de pelambrera.

Julia Roberts presumiendo de pelambrera. / FDV

Pero es que tienen razón, ¿por qué lo hacemos? Es un estereotipo de género, una construcción social inventada de manual. No hay ningún tipo de motivo científico para hacerlo. De hecho, es antinatural. Ellos no tienen ese problema, pero nosotras venga a echarnos cera caliente sobre la piel.

Cuando nos depilamos parecemos más niñas. Nuestro cuerpo está determinado por el deseo masculino. En el cine está todo: la diferencia en la depilación genital una vez que la industria del porno empezó a calar en los 70 habla por sí misma. Yo no siento la necesidad de ser aprobada por los tíos y, aun así, caigo en sus imposiciones de forma indirecta. Si Lena Dunham trabajase en Faro de Vigo posiblemente se pasaría todo el verano sin depilar y luego haría una crónica contando sus impresiones. Yo, que aún no me atrevo, me propongo seguir estudiando teoría feminista (siempre con perspectiva queer) y no dejarme arrastrar por una corriente que cada vez tira más hacia la extrema derecha. Este verano, en la playa, recomiendo pensar ¿QHLD? (¿Qué haría Lena Dunham?).

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