Opinión | Al lío

Subdirector de Faro de Vigo
«MV Hondius», otro ‘cague’ colectivo

El crucero de expedición holandés «MV Hondius». / EFE
A ver, que uno ya está curado de espantos, que la pandemia del covid fue, como quien dice, anteayer, y que tantas crisis consecutivas acaban insensibilizando… pero reconozco que todo lo que rodea al buque de expedición holandés «MV Hondius», rebautizado ya como «el crucero del hantavirus», mete un poco de respeto, por no recurrir a una expresión algo más escatológica. Las imágenes de sanitarios a bordo con los trajes de protección, las mascarillas y demás EPI; las noticias sobre víctimas mortales y nuevos infectados —ocho al cierre de la edición de ayer—; pero, sobre todo, escuchar otra vez la voz de Fernando Simón y de otros expertos insistiendo en que el riesgo de contagio no es muy elevado al tiempo que se difunde la existencia de una nueva cepa que se transmite entre personas… qué quieren que les diga, pues eso, que es imposible no sentir un cierto cague —eufemismos, fuera—.
Espero, deseo, que la crisis sea corta y con el menor número de víctimas posible. Porque es lo que nos faltaba.
Lo del «MV Hondius», que a estas horas debería estar navegando rumbo a Canarias, me recuerda la importancia histórica de los lazaretos, esos centros, digamos, sanitarios, por norma general aislados, y que tan importantes fueron antaño para poner en cuarentena a personas, animales o incluso mercancías sospechosas de portar enfermedades infecciosas. Aquí, en el área de Vigo, tenemos uno muy conocido, la isla de San Simón, y otro que ha pasado más desapercibido: Cíes. Sí, sí, las Cíes, ese vergel en la bocana de la ría, hoy símbolo de nuestra biodiversidad e imán turístico, funcionaron como un puesto avanzado de control sanitario auxiliar al de San Simón en el siglo XIX, que fue precisamente cuando Vigo reclamó para sí la propiedad del archipiélago —porque el puesto lo pagaba la ciudad— aunque para los baioneses sigue siendo de Baiona y para los de Cangas, de Cangas. En eso último nunca nos pondremos de acuerdo, ni falta que hace.
En fin, pues parece que el lazareto del siglo XXI para la tripulación y los pasajeros del «MV Hondius» —entre los que hay un ornitólogo de Cariño que se encuentra bien— será el hospital militar Gómez-Ulla de Madrid. Del aislamiento natural de una isla hemos pasado a un complejo sanitario bajo el control del Ejército en una metrópoli con 3,5 millones de habitantes. ¿Qué podría salir mal? Allí pasarán la obligada cuarentena —he leído que este virus tiene un periodo de incubación de 45 días— hasta que se compruebe que no hay riesgo ni para ellos mismos ni para el resto. Una faena, obvio, pero mejor prevenir que lamentar, ¿no?
Ojalá el asunto se quede en un susto y no en otra página negra de este siglo XXI tan dado a las sorpresas desagradables. Porque, seamos sinceros: estamos curados de espantos… pero no inmunizados contra el miedo. Mejor que los controles funcionen, que los protocolos se cumplan y que, por una vez, no tengamos que volver a escuchar a Fernando Simón diciendo que «el riesgo es bajo» mientras nos entra otro cague colectivo. Que nos conocemos.
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