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Dicen por ahí
El análisis semanal del presente, pasado y futuro del deporte con Juan Carlos Álvarez

Newsletter de actualidad deportivo por Juan Carlos Álvarez
Me encanta la palabra desubicado. La utilizo cada vez con más frecuencia y viendo cómo está el panorama va a resultar inevitable que su uso se extienda aún más. Me gustó escucharla en boca de Claudio cuando englobó en ella a todos aquellos que en las últimas semanas, atacados por el “síndrome Toni Mohamed” -¿se acuerdan?, aquel técnico inclasificable que se vestía los domingos como el padrino malote de una boda y que proclamaba cargado de convencimiento que el objetivo era aspirar a ganar la Liga-, dispararon las expectativas antes de tiempo y ya veían como un premio menor que el Celta solo fuese capaz de jugar la próxima Conference League. Estuvo bien en el fondo de su discurso y en la forma. Desubicados. O desnortados que también vale. Lo que resulta difícil es cuantificar su número. No existen datos fiables porque los encuestadores de este país no están a lo que deben. Yo lo atribuyo en parte a una cuestión generacional: hay demasiada gente en Balaídos que ya solo conoce un Celta. En Primera y pagando puntualmente a final de mes. Lo que es un gran logro para el club se transforma también en una pequeña condena porque el nivel de exigencia aumenta en ese sector de aficionados al que el ciclo de la vida convertirá en mayoritario dentro de unos años. Por eso es importante que alguien como Claudio ponga las cosas en su sitio y modere las legítimas ansias de crecimiento de la hinchada. Aspiremos a lo máximo sin dejar de valorar el mínimo exigible a este club. De lo contrario volveremos al camino que llevó a la ruina a tantos, incluso al propio Celta.
Pero entonces llegó el partido contra el Elche (resuelto con un ejercicio de pragmatismo y eficacia que no se recordaba en mucho tiempo) y Claudio, en un sorprendente giro de los acontecimientos, valoró el triunfo como reacción a que “se ha dicho por ahí” que el equipo pasaba de la Liga y que no quería jugar en Europa. De repente el desubicado era él. Este clase de argumentario, tan habitual en las salas de prensa, es uno de los fenómenos más extraños que ha traído el fútbol moderno. Los entrenadores y los jugadores le contestan al aire, a seres imaginarios, a personajes que (supongo) habitan en lo más oscuro de Twitter o que circulan por las redes sociales sin más objetivo que montar bronca o dar la nota. Antes esas cosas se hacían en los bares con la ayuda de unas copas y ahora suceden en la red de confianza y con la ayuda de un móvil. Darles importancia (en caso de que existan) es ridículo, hace poco serio el discurso y distorsiona por completo realidad. No conozco a nadie, que pueda catalogarse como aficionado del Celta, que piense que el equipo no quiere clasificarse para Europa. Contestarles es como hacerlo a quien cree que la tierra es plana.
Las pistas de Balaídos cierran del 4 de mayo al 5 de junio
Es difícil de entender el trato que desde hace tiempo el atletismo vigués recibe por parte del Concello. Cuando el deporte de esta ciudad era un enorme solar, fueron los atletas los primeros en llevar el nombre de Vigo donde nadie imaginaba. Eso fomentó una cultura atlética que durante mucho tiempo produjo figuras de primer nivel que mantuvieron viva la herencia recibida. Los medios limitados con los que trabajaban daban frutos gracias al esfuerzo de deportistas, clubes y entrenadores. Hoy el atletismo vive arrinconado, con una instalación obsoleta cuya indispensable reforma nunca llega pese a todas las promesas hechas y repetidas, con un calendario cada vez más raquítico por la desidia institucional y con episodios lamentables como el de la pasada semana. El Concello anunció el cierre durante un mes de las pistas de Balaídos, justo en un momento crucial de la temporada, por la reforma de la grada y porque la instalación (como tantas otras de la ciudad) va a ser colonizada por la semana de las Fuerzas Armadas que se va a organizar en Vigo.
Seamus Elliott, el primer irlandés de amarillo
Me voy que se me acaba la batería y me he olvidado el cargador de la tableta (les explicaría mi domingo, pero mejor no). Les dejo como despedida la historia irrepetible de la semana que está protagonizada por quien fue el ídolo de Sean Kelly y de Stephen Roche, los dos grandes ciclistas irlandeses de la historia. Ellos crecieron escuchando las aventuras de Seamus Elliott, un dublinés con una vida de novela que fue el primer hijo de la Isla Esmeralda que consiguió vestirse de amarillo en el Tour de Francia.
Disfruten de la semana y un saludo afectuoso a Javier Tebas que en el colmo del desquiciamiento horario en el que vive instalado penalizó a uno de sus clubes, a quienes se supone debe proteger y cuya economía debería cuidar, con un horario infame en el Día de la Madre. Una decisión solo comparable con aquel partido que programó una noche de Reyes a las nueve de la noche. Ni a Mr. Scrooge se le ocurriría algo así.
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