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Opinión

Amor de madre

«En este Día de la Madre, usted acierta seguro. Sabemos que no hay regalo que iguale todo lo que ella hace, pero sí hay formas de sorprenderla. Por ello, hemos preparado esta selección, pensada para acertar: máscara facial para tratar los signos del envejecimiento, moldeador de pelo ,fregona eléctrica, aspiradora con sensor de suciedad, plancha de pelo, depiladora de luz pulsada ,freidora de aire…¡Feliz Día de la Madre!

Vaya, vaya, vaya. ¡Temazo! Otra vez con la vuelta a la noria de la igualdad. Y, mientras tanto, me pregunto qué es lo que ELLA hace para merecer tales regalos.

Pues procrear y ser madre porque la maternidad, por imperativo biológico, social y cultural, sigue siendo el eje fundamental en la vida de la mujer, un destino que no reporta derechos y sí aceptación social; todo ello, sin perjuicio de que el control de la natalidad, fundamentalmente de las mujeres con más recursos económicos, ha permitido decidir cómo, cuándo, y cuántos hijos/as queremos engendrar.

«Amor de madre» se dice de la mujer que procrea y cuida sin límite, con entrega, con dedicación, sin precio ni contraprestación económica; de la que regala su tiempo a la familia, con abandono o descuido de su trabajo, profesión y ambición de ascender. Amor de madre es el que merece todos los regalos, incluso, como en el caso del ejemplo, cuando perpetúan la posición de «reinas» del hogar en el que van perdiendo su identidad, se van despersonalizando, en función de los intereses y cuidados de los otros miembros de la familia.

Ahora bien, este amor, como no puede ser de otra manera, conlleva obligaciones y efectos colaterales no especialmente beneficiosos para las madres: «…Es mucho más noble sonar narices y lavar pañales que terminar los estudios, triunfar en una carrera»… la vocación se ejerce sin descanso y siempre con la cantaleta de que se laven los dientes, se acuesten temprano, saquen buenas notas, no fumen, tomen leche, las vacunas, la limpieza de las orejas, los estudios, las palabrotas, los novios y las novias... Amor de madre es quedarse desvelada esperando que vuelva la hija de la fiesta, …es temblar cuando el hijo aprende a manejar, anda en moto, se afeita, se enamora, se presenta a exámenes… es llorar cuando ve a los hijos contentos y apretar los dientes y sonreír cuando los ve sufriendo… es servir de niñera, chófer, cocinera, lavandera, médica, policía, confesor y mecánico, sin cobrar sueldo alguno... (Isabel Allende).

Es precisamente aquí, en todas estas labores de cuidado y atención abnegada y continuada, que las mujeres reclamamos a los padres de las criaturas que por su «amor de padre» y por un sentido de la justicia y de la igualdad, asuman el 50% del trabajo, porque hacerlo nosotras solas nos empobrece y es devastador. Solo así y distribuyendo el trabajo del hogar y crianza —y con los permisos por nacimiento y cuidado del menor durante 19 semanas retribuidas para cada progenitor y las primeras 6 semanas obligatorias y posteriores al parto— será posible la igualdad en el pleno acceso de la mujer al trabajo.

Aun así y a pesar de todo, los hijos/as son nuestro centro y nuestro universo, en general, nuestra mayor satisfacción. Para nosotras, sin o con escasa colaboración de las administraciones y de los padres, los limites sobre los cuidados están dentro de la familia quedando relegada a un segundo plano nuestra proyección social y profesional, a diferencia de la de los hombres que se sitúa más allá de los límites de la familia.

En este Día de la Madre, un día más, recuerdo a la mía y siento en mi piel la felicidad plena de las madres que pueden estar y disfrutar de sus hijas/os pequeños pues pocas cosas mejores existen en este mundo.

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