Opinión
El tema del armamento nuclear iraní domina conferencia de la ONU
La Conferencia de las Partes encargada del Examen del Tratado de No Proliferación Nuclear, que comenzó esta semana en la sede neoyorquina de la ONU, parece dominada por el tema iraní.
Ese importante tratado, suscrito también en su día por Teherán, busca prevenir la propagación de las armas nucleares mientras promueve el uso exclusivamente pacífico del átomo.
El Gobierno de Teherán niega haber aspirado alguna vez al arma atómica- lo prohíbe incluso una fetua de su anterior líder supremo- y asegura no querer tampoco ahora ese tipo de armamento pese a las acusaciones en sentido contrario de Washington y Tel Aviv.
Una cosa es cierta: Irán ha sido agredido militarmente ya hasta dos veces con ese falso pretexto por Estados Unidos e Israel mientras que otro país al que Washington incluye en el que llama "el eje del mal" y que sí es potencia nuclear como Corea del Norte no ha sido atacado nunca.
Tampoco habría atacado la superpotencia a otros países que formaron parte de ese eje como el Irak de Sadam Husein o la Libia de Muamar el Gadafi si hubiesen dispuesto, al igual que el régimen de Piongyang de la bomba atómica.
La conclusión es sencilla: solo un Irán nuclear evitará ser objeto de nuevos ataques por parte de Estados Unidos y de Israel, que es por cierto una potencia nuclear aunque nunca lo haya declarado oficialmente.
Pero hay otra y mucho mejor forma de evitarlo, y es la que intentaron ya en 2015 las cinco potencias nucleares más Alemania al firmar con Teherán el llamado Plan de Acción Integral Conjunto.
Acuerdo firmado por el demócrata Barack Obama, pero del que se retiró caprichosa e irresponsablemente Donald Trump en 2018, durante su primer mandato.
La única manera de garantizar que Teherán no tratará nunca de dotarse de un arsenal nuclear es cooperar de buena fe con los dirigentes iraníes, y no tratar de engañarlos como ha hecho ya en dos ocasiones Trump.
Pero volviendo a Nueva York: el Tratado de No Proliferación Nuclear no solo prohíbe la propagación de ese tipo de armas, sino que al mismo tiempo obliga a las potencias nucleares a un desarme gradual.
Ocurre, sin embargo, justo lo contrario: Estados Unidos moderniza su propio arsenal atómico y se ha descolgado de varios acuerdos de desarme importante.
Mientras tanto Gran Bretaña y Francia quieren dotarse de más ojivas nucleares y otros países europeos que no las tienen hasta ahora en su territorio como Finlandia o Polonia están dispuestas a acoger las de Francia o EE UU. También en Alemania hay quienes plantean esa posibilidad.
El pretexto es que Rusia proyecta una guerra contra Europa y hay que disponer de un poder de disuasión suficiente para evitar ese ataque. Al mismo tiempo se acusa a China de seguir aumentando su arsenal atómico.
Pero mientras Estados Unidos o Rusia tienen cerca de 6.000 bombas nucleares en sus respectivos arsenales, a las que hay que añadir las 290 de Francia y las 250 del Reino Unido, las de China apenas superan las 600.
Y quienes insisten en que el país asiático tiene que reducir su arsenal nuclear sin estar al mismo tiempo dispuestos a hacer lo mismo con el propio sólo buscan desarmar al rival sin ofrecer nada a cambio. ¡Fuera caretas! n
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