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Opinión | Al lío

José Carneiro

José Carneiro

Subdirector de Faro de Vigo

Hasta el próximo fundido en negro

Supermercados a oscuras durante el gran apagón de hace un año.

Supermercados a oscuras durante el gran apagón de hace un año. / FdV

Ayer, con la pelea que mantuvieron en los cielos Thor y Zeus, uno con los truenos y el otro con los rayos, a punto estuvo de irse la luz en la redacción. Se vivieron escenas de pánico —estoy exagerando un poco, aunque sí que hubo gritos— ante la posibilidad, remota pero no imposible, de que se repitiese el apagón del año pasado. Pero todo quedó en un susto. Apenas unos microcortes de menos de un segundo de duración que, estoy convencido, no se notaron en la mayoría de los hogares del área de Vigo. Otra cosa es que a alguno nos pillara el aguacero de camino a casa y acabáramos mollados coma pitos.

Lo del gran apagón, mejor que no se repita. El Estela del pasado domingo recogía diez testimonios de personas que lo pasaron realmente mal, empezando por Justo, un pensionista al que el fundido en negro sorprendió en mitad de una operación a corazón abierto. Insisto en que mejor que no se repita porque, lamentablemente, no creo que hayamos aprendido la lección. Ni el gestor de la red, ni las compañías eléctricas —un año después seguimos sin saber realmente quiénes fueron los responsables del colapso—, ni nosotros. El furor del camping gas y de la radio a pilas duró dos días.

De redes eléctricas maltrechas en Vigo sabemos bastante y, si no, que se lo digan a Stellantis. Me juego la soldada a que si hoy pregunto «¿qué tal ayer en la fábrica?», seguro que me responden que esos microhuecos de tensión que en el periódico o en casa apagaron las luces durante unos breves instantes, en Balaídos llegaron a interrumpir la producción y provocaron alguna que otra avería. Es lo que tiene que la primera ciudad del noroeste siga enganchada a una red de 132 kilovoltios en vez de a una de 220 o 400 kV. Bueno, al menos la solución está en marcha, como ha publicado Julio Pérez. Solo espero que no tarde demasiado.

Digo Stellantis, pero podría citar otras industrias de Vigo —GKN, Denso...— que también sufren las consecuencias de las caídas de los rayos sobre un tendido eléctrico obsoleto. Suele ocurrir en primavera —como estos días— o en otoño, y solo se solucionará con el enganche de Vigo a la red de 220 kV que pasa por O Porriño. Una demanda que parte de las empresas, sí, pero que a la postre beneficiará a todos los vecinos de la ciudad, porque aporta más fiabilidad al sistema eléctrico y permite recuperarse antes en caso de apagón. Y ahora que todo tiende a ser eléctrico —hasta los coches—, conviene tener una red que no se venga abajo cada vez que Thor y Zeus se pongan a discutir.

Al menos en este frente parece que las cosas están en vías de resolverse. Es una buena noticia, de las que se agradecen.

Lo de hace un año es muy diferente. Aquel día nos pilló con los pantalones por los tobillos, y ahí siguen. Sin solución, sin responsables. Lo peor de todo es que en este país nos hemos acostumbrado a convertir lo excepcional en anécdota y lo grave en costumbre. Nos indignamos 48 horas, compramos una linterna, hacemos dos chistes sobre el fin del mundo y seguimos adelante como si nada. Hasta el próximo susto. Hasta el próximo fundido en negro.

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