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Opinión

Atentado contra Trump

¿Fue un simple montaje?

¿Fue el intento de atentado contra Donald Trump durante la tradicional cena de corresponsales de Washington, el tercero contra el presidente en solo dos años, sólo un montaje?

Eso es al menos lo que sospechan algunos observadores, entre ellos el conocido ex agente de la CIA y hoy analista geopolítico Larry C. Johnson.

Hay en efecto muchas irregularidades e incoherencias que parecen abonar la teoría de que pudo tratarse de un intento de distracción de los problemas crecientes de la actual presidencia republicana. No se entiende, por ejemplo, que se reuniera en un mismo espacio a la cúpula dirigente de EE UU, es decir ,a la línea de sucesión: el presidente, el vicepresidente, los líderes del Congreso, así como varios secretarios de Estado.

También ha llamado la atención que, rompiendo todos los protocolos para esos casos, los servicios de seguridad hubieran intentado poner a salvo al vicepresidente J.D. Vance antes que al propio Trump. O que, tras escucharse los primeros disparos, el presidente pareciera no inmutarse, a diferencia del pánico que asaltó a cuantos le rodeaban.

Según el exagente Johnson, no se entiende tampoco que el joven ingeniero que intentó perpetrar el atentado viajase con varias armas de fuego desde California hasta Washington y se alojara luego sin problemas en el mismo hotel de la capital donde iba a celebrarse el acto con la prensa. O que no fuese abatido a balazos nada más intentar atravesar el primer perímetro de seguridad, que se encontraba además en una planta del hotel superior a la que acogía la cena de corresponsales, es decir, lejos del presidente.

Las imágenes distribuidas mostraban al joven tendido en el suelo y maniatado sin que pareciese haber sido siquiera herido en el tiroteo con los agentes de seguridad. También resulta un tanto sospechoso que Trump diera una breve rueda de prensa solo minutos después de lo sucedido y que todos los que le rodeaban, incluido el propio director del FBI, Kash Patel, se mostraran sonrientes, como felices, en lugar de preocupados por lo que acababa de ocurrir. Trump aprovechó esa rueda de prensa para hacer publicidad de su proyecto favorito, la construcción del «salón de baile» en el Ala Este de la Casa Blanca, actualmente paralizada por una orden judicial, contra la que el presidente volvió a protestar.

Según Trump, el incidente del fin de semana demostraba la urgente necesidad de ese espacio, que ofrecería mayor seguridad para actos como el interrumpido por el tiroteo. El presidente, que no ha hecho últimamente más que atacar a los medios que le critican, llamó en la rueda de prensa a la unidad del país, como si no fueran él y su gobierno quienes la violan continuamente con sus acciones al margen de la Constitución.

Resulta en cualquier caso altamente sospechoso que ese intento de magnicidio se haya producido en un momento en que los índices de popularidad de Trump están por los suelos.

Arrastrado por el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, y el lobby sionista, Trump ha metido al país en una guerra ilegal contra Irán que está provocando en EE UU una profunda crisis económica y un fuerte aumento de la inflación, sin que el presidente sepa cómo salir del atolladero.

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