Opinión | Newsletter de Deportes

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El sistema inmune por los suelos
El análisis semanal del presente, pasado y futuro del deporte con Juan Carlos Álvarez

Newsletter de actualidad deportivo por Juan Carlos Álvarez
En cualquier jardín de infancia hay más maldad que en el vestuario del Celta. Esponjoso como un bollo recién hecho, tierno como una mascota a la que dan ganas de arropar por las noches. Aquel equipo que se hizo desagradable para los rivales hace no demasiado tiempo, que parecía haberse madurado al fin, se ha quedado atrapado en el terrible descanso del partido ante el Alavés (o en la aparición de Chiño me susurra al oído uno de esos que aún se ponen sus «calcetines de la suerte» en las grandes ocasiones convencidos de que su influjo es más decisivo que el grado de inspiración de Radu). Los agujeros en el fútbol son así: se llevan lo bueno con la misma velocidad con que devuelven los vicios que uno creía extinguidos. Pero realmente nunca se van. Son como el herpes que permanece latente en el sistema nervioso esperando para reactivarse aprovechando un bajón en el sistema inmunitario. Y cualquier analítica actual confirma que el Celta anda con las defensas por los suelos. Por eso suceden cosas como las vividas en Villarreal -y que entroncan con la tradición ancestral de este equipo de ir por la vida concediendo regalos impropios del mundo profesional- donde fue capaz de provocar un penalti a los treinta segundos de juego (después de sacar de centro, lo que tiene su indiscutible mérito) y encajar luego el segundo gol en una decisión confusa del árbitro que cogió al equipo sin la mínima tensión, mirando por la ventana a ver si llovía. Una inocencia que enternecería si no resultase tan dañina para sus intereses.
Así de fácil se van los puntos. Por muchas historias que cuenten luego los entrenadores en la batalla por el relato («todo controlado» sostenía el irritante Marcelino) los partidos casi siempre están en manos de esas pequeñas cosas que, como el herpes, detectan de inmediato la debilidad inmunitaria para aflorar. Y el Celta está en ese proceso de encontrar de nuevo la fórmula para fortalecerse y afrontar con esperanzas este último mes de competición. Está a tiempo de hacerlo y de cerrar el curso con nota. La semana, más allá de las derrotas y de los regalos ridículos, deja algún tronco de madera al que agarrarse. Dos derrotas a domicilio ante el futuro campeón y el tercer clasificado; dos partidos en los que se quedaron a un dedo de regresar con algo positivo. El Celta de hace un par de meses, aquel al que los rivales no encontraban la forma de meterle el diente y que era capaz de sacar adelante partidos casi sin querer, hubiera convertido estas dos visitas en puntos. Pero su realidad actual es otra y a ella hay que adaptarse. Lo mejor de estos días es que más allá de las carencias evidentes del equipo ahora mismo (estado de forma terrible de muchos jugadores, lesiones inoportunas, cansancio físico y mental que arrastran desde hace tiempo o las lagunas evidentes en la configuración de la plantilla que ha dejado el mercado invernal) el Celta no se ha dejado llevar. Pierde, pero se rebela. Está lejos de ser ese equipo muerto que algunos, en una exageración pesimista, vieron en El Madrigal. Las resurrecciones en el fútbol van y vienen con rapidez. Lo primero es creer en ellas y el Celta a esta hora aún parece tener fe.
El tiempo está de su parte: el Mecalia regresa a la final de la European Cup
Vuelve el balonmano gallego a llamar a las puertas de un título europeo. Si el año pasado fue el Balonmán Porriño, esta temporada le corresponde ese privilegio y ese mérito al Mecalia Guardés que el sábado superó al Costa del Sol Málaga en las semifinales y se jugará en unas semanas el título ante el Michalovce eslovaco con la vuelta en A Sangriña, donde comienzan a preparar uno de los grandes días de su historia. En tiempos de números para sostener el proyecto (lo que demuestra lo débiles que son las costuras del deporte gallego) el conjunto guardés ha dado ejemplo de resistencia para situarse a un paso de levantar otro título y de dar continuidad a aquella tarde en la que conquistaron la primera y única Liga de la historia del balonmano gallego.
Marciano, un tipo de palabra
Me voy con un tipo de palabra que no abundan en estos tiempos de charlatanes. Rocky Marciano fue el único boxeador de los pesos pesados que se retiró sin perder un combate. Tal día como hoy, con solo 32 años, anunció su retirada porque quería pasar más tiempo con su familia y cumplir la promesa que le había hecho a su madre. Creyeron que mentía, que todo era un operación para conseguir más dinero en su reaparición. Le llovieron ofertas inmensas, pero no se movió un metro de su postura. No abunda la gente así.
Disfruten mucho de esta semana en la que no queda otra que ser un poco del Atlético de Madrid y del Rayo (el dichoso coeficiente de la UEFA para trincar otra plaza) y esperar que a los alemanes les vaya peor que en el Tratado de Versalles. Lo lamento por el Friburgo, pero aún hay prioridades en esta vida. Feliz semana.
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