Opinión | Editorial
El gran salto del cine en Vigo: de plató a industria

El alcalde, Abel Caballero, con Rafael Portela e Inés Enciso de la Academia de Cine y Amaia Mauleón de la Vigo Film Office a su derecha
Por tercer año consecutivo, la Academia Española del Cine ha elegido Vigo para desarrollar su proyecto formativo estrella. Durante cinco días, prestigiosos directores y nuevos creadores han compartido un tiempo de aprendizaje, experiencias, conocimientos... La Vigo Film Office, dependiente del Concello de Vigo, ha ejercido de anfitriona del talento cinematográfico nacional. Porque el programa Rueda Academia de Cine ha sido y es una fértil cantera de cineastas. Así que las historias que protagonizarán las carteleras de mañana se están forjando en encuentros como el que Vigo ha patrocinado esta semana.
La elección de Vigo no es fruto de la fortuna ni del azar, sino del trabajo bien hecho, una labor de siembra discreta y pertinaz. La ciudad ha sabido buscarse en tiempo récord un hueco en el complejo y competitivo panorama audiovisual. Y hoy ya es una referencia nacional, hasta el punto de que la Vigo Film ocupa una de las vicepresidencias de la Spain Film, que agrupa a medio centenar de socios, entre ellos las principales capitales españolas. Vigo y su área se ofrecen a los creadores como un extraordinario plató para rodar (los éxitos de crítica y público, el juez más severo, de Romería y Rondallas, sin ir más lejos, así lo acreditan), pero también como una urbe con las condiciones idóneas para que los creadores puedan debatir, expresarse, realizarse.
Vigo es uno de los mejores ejemplos de la relevancia que ha cobrado el audiovisual gallego, hoy con una robusta salud. En la ciudad olívica y en el resto de la comunidad se rueda más que nunca; los proyectos son cada año más ambiciosos, movilizan más fondos y tienen un mayor impacto. Entre 2026 y 2027 se estrenarán más de 25 largometrajes gallegos, con el apoyo de la Axencia de Industrias Culturais, dependiente de la Xunta. A esta cifra hay que añadirle los documentales y las series de televisión. Y también proyectos nacionales o internacionales que han elegido nuestro territorio para hacer realidad sus historias.
El presente del audiovisual mueve al optimismo, pero apenas aporta una mínima parte de lo que puede llegar a ser. Porque, en realidad, solo se han colocado los cimientos de una industria que puede y debe dar muchísimo más de sí.
Parece que algunas instituciones así lo han entendido. Desde el pasado septiembre A Coruña tiene el mayor estudio de producción virtual de España, un proyecto de más de nueve millones de euros financiado por la Diputación y el Gobierno. Con los medios tecnológicos más avanzados (y a expensas de contar con unos profesionales a su altura), quiere atraer grandes producciones cinematográficas. La Diputación de A Coruña ha dado un paso de gigante en la dirección correcta al implementar una infraestructura que sitúa a Galicia en la modernidad. Otras instituciones provinciales mantienen, sin embargo, una hoja de ruta más tradicional y previsible, de recorrido más limitado. Y la experiencia enseña que apostando siempre por lo mismo, el resultado difícilmente será diferente.
Si en el norte de Galicia su diputación aspira a convertirse en palanca de la industria audiovisual, en el sur, Zona Franca se ha propuesto superar incluso ese listón con la creación de un hub audiovisual, que sería un gran centro de producción y un espacio de referencia para la innovación y la colaboración en la eurorregión Galicia-Norte de Portugal. Como es propio de su ADN económico-empresarial, Zona Franca no solo busca ofrecer unas instalaciones de vanguardia para la creación, sino construir un polo que aglutine empresas y profesionales, a un lado y a otro del Miño; forjar un hábitat para los emprendedores y para quienes quieren ayudarles. Constituir un tejido audiovisual que genere cultura, pero también empleo y riqueza. Y que proyecte la imagen, en España y fuera de sus fronteras, del sur de Galicia como un formidable territorio para el ocio y el negocio.
La presencia de Zona Franca garantiza la financiación, que acostumbra a ser el principal impedimento. Sin embargo, el obstáculo hasta ahora reside en dar con el espacio adecuado para hacerlo realidad. La institución ha puesto el ojo en un edificio portuario, pasto del fuego y el abandono. La Autoridad Portuaria de Vigo, empero, se resiste a venderlo (o cederlo en un régimen de concesión, como ocurre con las naves adyacentes) porque, asegura, tiene otros planes. Sin embargo, los años pasan y esa nave en el frente litoral sigue ofreciendo una imagen lamentable, propia de la guerra de los Balcanes. ¿No se podría llegar a un acuerdo? ¿No es posible, incluso conveniente, abrir una parte del espacio portuario a iniciativas que trasciendan el mar? El diálogo, la cooperación y el acuerdo que siempre hemos defendido desde FARO se hacen más necesarios que nunca en casos como este. Un diálogo que, por otra parte, ha sido habitual entre Puerto y Zona Franca, instituciones que deberían operar al margen de la política y las estrategias electorales. No estaría de más que la Xunta que preside Alfonso Rueda, firme impulsor del audiovisual gallego, mediase para desbloquear el asunto.
Junto a una estrategia de largo aliento y la oferta de unas infraestructuras adecuadas (porque las posibilidades que ofrece nuestro entorno natural y urbano son de primera), sería conveniente impulsar los centros de formación de los profesionales. Galicia atesora una fabulosa escuela de actrices y actores, de guionistas, de directoras y directores... Sus nombres copan cada año premios y reconocimientos. Es casi imposible encontrar una película taquillera que no lleve a un gallego o una gallega en sus títulos de crédito. Sin caer en el narcisismo, de talento vamos sobrados. Y nuestras escuelas de arte dramático deben garantizar el futuro. La Academia de Cine es sensible a ello y por eso ha dedicado en Vigo parte de sus actividades al encuentro entre profesionales consagrados con alumnos que sueñan con emularlos.
Necesidades
Sin embargo, el cine no va solo de creadores e intérpretes. Al contrario, estos son una minoría. La industria necesita muchos otros profesionales que se mueven en las bambalinas, especialmente técnicos (sonido, iluminación, ayudantes de producción, operadores de cámara...). En este ámbito queda un larguísimo trecho por recorrer. El audiovisual es creación y talento, pero también una industria que precisa de mano de obra especializada. La oferta de Galicia, en este sentido, es manifiestamente mejorable. Y la formación profesional encuentra aquí una extraordinaria oportunidad.
Vigo ha sido esta semana el centro nacional del nuevo talento audiovisual. Jóvenes creadores han vivido una experiencia inmersiva única. Y han conocido las posibilidades de una ciudad que es friendly para el cine. Una ciudad que, con el impulso de la Vigo Film, se abre al mundo de la creación como un gran plató; una ciudad empeñada en convertirse en el referente del Noroeste de una industria pujante, que crea riqueza y empleo, que proyecta imagen y marca desde la cultura. Ese sueño merece el apoyo de todos. Sin condiciones ni disculpas. Con convicción y sin demoras. Porque Vigo quiere más «acción».
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