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Opinión | Al lío

José Carneiro

José Carneiro

Subdirector de Faro de Vigo

El cortejo de SAIC: del flirteo al compromiso

Alfonso Rueda y María Jesús Lorenzana, ayer, en la planta de baterías de SAIC en Zhengzhou (China).

Alfonso Rueda y María Jesús Lorenzana, ayer, en la planta de baterías de SAIC en Zhengzhou (China). / FDV

Conseguir que un gigante del motor como SAIC, que, entre otras marcas, fabrica y comercializa la otrora británica MG, abra una planta de coches en Galicia no es tarea sencilla. Menos aún cuando es público y notorio que todos estos grupos de capital chino están controlados por el partido —sobra decir cuál, ¿no?—. Pero, con toda la precaución posible y aquello de «hasta el rabo, todo es toro», podría decirse que estamos en la fase final del cortejo. Que la cosa no pinta mal. Que es posible que Galicia repita la gesta de 1958 con Citroën Hispania y, después de muchos proyectos fallidos, ahora sí, se haga con una segunda planta de coches.

Si lo planteamos en términos de ligoteo o cortejo, con los chinos —estos, porque hubo otros antes— ya estamos en la fase de intimidad y contacto físico, como ha demostrado la tournée que se han marcado el presi Alfonso Rueda y la conse María Jesús Lorenzana esta semana por China, de la que hemos dado buena cuenta en las páginas de Economía del decano. Llegar hasta aquí, imagino, no ha sido fácil. Antes hubo que llamar su atención (fase 1), lograr un intercambio de miradas (fase 2), comunicarse —el flirteo o, como decimos en mi pueblo, echar fichas— (fase 3) y manifestar interés: la conquista (fase 4).

Vamos, que estamos ya casi en los prolegómenos de una relación que interesa a ambas partes, que ya son mayorcitas para hacer con sus bodies lo que quieran.

SAIC, por supuesto, ve en Galicia una puerta de entrada para introducir sus coches en Europa sin tener que pagar peaje —aranceles—; ve una comunidad con experiencia sobrada y contrastada en este sector, con una potente industria de componentes y un ecosistema de innovación envidiado por ahí adelante; y ve también una posición geoestratégica en materia logística, al ser una región abierta al mar. Galicia, por su parte, ve una oportunidad de oro para apuntalar una industria en la que ya es referencia y duplicar sus cabezas tractoras: no es lo mismo un solo player, como es Stellantis Vigo, que dos, ¿no?

Me imagino a más de uno en San Caetano pensando aquello de «no pongamos el carro delante de los bueyes», pero es imposible no ilusionarse. Y la confirmación de que SAIC ha descartado Hungría en la carrera entre los estados europeos que pujaban por esta nueva inversión, para centrarse en España, aún aviva más la esperanza gallega. A mí lo que me dan ganas es de subirme al carro y fustigar a los bueyes para que se pongan en marcha cuanto antes. Porque Rueda and company no solo se han reunido esta semana con los gerifaltes supremos de SAIC: también con los de su principal brazo logístico y, aún ayer, visitaron la planta de baterías de Zhengzhou. Si esto no es intimidad y contacto físico (fase 5), a mí me lo expliquen.

Otra cosa es pasar del roce al compromiso. Porque una cosa es dejarse querer y otra muy distinta firmar los papeles, elegir muebles y ponerse a levantar una fábrica. En eso, Galicia tiene ya más mili de la que quisiera. Ha visto desfilar demasiados anuncios ilusionantes (Toyota, BMW, Mitsubishi, BYD…), demasiados proyectos con buena pinta que luego se quedaron en nada o en casi nada. Por eso conviene no lanzar todavía las campanas al vuelo ni pedir el arroz para el bodorrio. Pero tampoco hacerse el duro de más. Cuando una oportunidad así llama a la puerta, lo inteligente no es mirar para otro lado, sino abrirle e invitarla a entrar.

Porque hay trenes que pasan una vez, y hay fábricas que también. Y Galicia, a estas alturas, ya no está para ver cómo se las llevan otros mientras aquí seguimos debatiendo si el carro, los bueyes o la carretera.

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