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Opinión

Vigo

Los bros de la caverna de Platón

Un joven viendo a Roma Gallardo, youtuber de gran calado en el mundo incel y misógino.

Un joven viendo a Roma Gallardo, youtuber de gran calado en el mundo incel y misógino. / Zowy Voeten

El lunes estuve en un instituto de Vigo cubriendo una charla para adolescentes, como parte del programa Rueda Academia de Cine. La impartía Salima Jirari, una mujer que trabaja con guionistas sugiriéndoles cómo hacer sus personajes menos tópicos, más complejos. En el cine hay infinitas meteduras de pata por falta de interés en la «diversidad». La actriz Viola Davis reconocía arrepentirse de haber participado en Criadas y señoras, lacrimógena película en la que hay un subtexto perverso con una Emma Stone que se convierte en la salvadora blanca de sus coprotagonistas negras. En temas de género las elecciones ¿problemáticas? son infinitas. Clásicos indiscutibles como Vestida para matar o Psicosis contienen asesinos que se visten de mujer (los directores homosexuales no están exentos de contribuir a la discriminación). Y no hace falta irse a Hollywood. Por ejemplo, a la popular serie española Élite no le vendría mal una revisión. Tampoco pretendo ser una policía de la moral, no es cuestión de censurarlo todo, pero sí creo que debemos agarrar lo woke antes de que nos lo arrebaten.

Un fotograma de Vestida para matar (1980) de Brian De Palma.

Un fotograma de Vestida para matar (1980) de Brian De Palma. / fdv

Mientras Jirari hablaba, los adolescentes se aguantaban la cabeza con la mano, lo típico. Como si no escuchasen suficientes chapas en sus horas lectivas. El problema vino cuando pidió participación. Mostró una foto de villanos de Disney (ejemplo aborrecedor pero vistoso) y defendió que la mayoría poseía características disidentes a lo normal. Gordos, racializados, viejos o queer (solo una alumna conocía el significado de esta palabra). En contraposición, princesas delgadas y mayoritariamente blancas. Fue ahí cuando empezó el jaleo. Risas, manos levantadas para decir «que no» y varios chavales asegurando que la ponente mentía, «que no se discrimina en la pantalla». No había realmente un argumentario era solo un «no» agresivo. Nadie hablaba más alto que los chicos o, como se llaman entre ellos, «bros». Jirari trató de explicar que, de una forma subconsciente, ver desde niños estas asociaciones (negro igual a malo) permea en la psique de una forma muy radical. Hubo que cortar el coloquio poco después, el debate no estaba siendo posible.

Tres villanos de Disney claramente no normativos.

Tres villanos de Disney claramente no normativos. / fdv

Yo disfruto de la irreverencia. La falta de disciplina es bonita, signo de vitalidad. Pero este no era el caso, no estaba ante una escena divertida, compresible dada la edad o provocada por el furor hormonal. Me topé directamente lo que llevo meses escuchando a mis amigas profesoras, a feministas, a ideólogos queer y a otras personas preocupadas por el futuro (por el de todos). Salen estadísticas cada poco tiempo en las que se advierte que los jóvenes son cada día más de ultraderecha. Cualquiera con acceso a TikTok puede encontrar vídeos de hombres explicando cómo ser hombres. Lanzan conceptos que a nosotras nos barren de la realidad tal y como la conocemos. Hablan de salir solo con «mujeres de alto valor», es decir, chicas jóvenes, voluptuosas y que, ante todo, sean vírgenes. Para ellos: prohibido llorar, horas y horas de gimnasio y ganar dinero. Dicen que un hombre no nace «de alto valor», sino que llega a serlo. Mientras, nosotras nacemos con valor y debemos conservarlo (no tirándonos a nadie). Para los bros los migrantes son malos siempre y a los disidentes de género ni mirarlos a la cara.

Este es el panorama. No generalizo, pero estamos ante una tendencia muy extendida que arraiga cierta violencia. Hay chavales que pueden ser totalmente bros y otros tener algunos dejes. ¿Son los nuevos punks? Se me rompe el corazón.

Si sus padres no son así y en el colegio se juntaron con sus iguales, ¿de dónde salen todas esas sandeces? Las principales causas seguramente se hallan en casa, en el colegio y en el gym, pero es innegable que el audiovisual influye sobre nosotros. Que en Torrente presidente (2026) se blanquee al agitador Vito Quiles no es una casualidad y contribuye a alimentar esta sarta de tonterías. Lo que asusta es que nadie es incontagiable y probablemente tampoco asintomático.

Viendo cine se aprenden muchas cosas, se viaja y se sueña. Pero aún así hay que tener el criterio formado para elegir las películas adecuadas o, si no, es probable que en unos años solo tengamos a nuestro alcance el género terror. Pues en la vida, igual.

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