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El director de FARO, Rogelio Garrido, analiza los temas claves de la actualidad de esta semana

El director de FARO, Rogelio Garrido, analiza los temas claves de la actualidad de esta semana / FDV
Aquellos lectores que tengan la amabilidad de seguir estos boletines con cierta regularidad sabrán que una de mis teimas es la defensa de la cooperación, el diálogo y el acuerdo entre diferentes como una de las herramientas más eficaces e inteligentes para construir un proyecto que aspire al bienestar y al progreso. Al éxito (sea esto lo que sea). La receta, por desgracia en desuso, sería especialmente valiosa en el ámbito político, un territorio en el que las trincheras cada día son más profundas por el empecinamiento de sus líderes y algunas correas mediáticas de cavar y cavar desaforadamente. Por eso, sabedores de este afán mío por el pacto, podría resultar chocante que ahora vaya a dar un par de estacazos a varios acuerdos anunciados esta semana.
A estas alturas, después de todo el kilometraje periodístico y vital que lleva uno en la chepa, no caeré en la hipocresía de indignarme por que PP y Vox hayan firmado un pacto de gobierno en Extremadura y Aragón. Sinceramente, hubiera preferido que en ambas comunidades el Partido Socialista se hubiese abstenido para facilitar el gobierno de la lista claramente más votada. Sería un gesto irrefutable de lo que se llama sentido de Estado y poner el foco en el bien común. Pero, claro, esto es España y no Alemania… o Portugal. Así que, visto el odio africano que se profesan populares y socialistas, la única opción viable para tomar el poder y sentarse en la poltrona, porque amigos de esto se trata, era el pacto que finalmente fue.
Sin embargo, hay pactos y pactos. Y esa morcilla de la «prioridad nacional», que en román paladino significa primero los españoles y luego los españoles y al resto (especialmente a los latinos o africanos pobres) que le vayan dando, me asquea profundamente. Soy hijo de emigrantes. En la redacción otros muchos lo son. Descendientes de gallegos que se fueron a buscar las lentejas muy lejos. Otros compañeros son familiares de gente de la mar, mariñeiros que se han pasado tanto tiempo en Galicia como en países a miles de kilómetros. Por eso, creo que el desprecio y la inhumanidad que se está extendiendo entre la sociedad hacia el extranjero (repito, sobre todo hacia el pobre y desesperado) es infame. Estúpido. Egoísta. Y hasta económica y socialmente equivocado. Entre el error y el horror.
Escuchando a populares y ultras defender el discurso de «la prioridad nacional» recordé el monólogo «Grito» que el pasado fin de semana protagonizó el actor Hovik en un teatro vigués. Además de sacarnos los colores por la hipocresía que reina en el ambiente y enfrentarnos a nuestras propias contradicciones (las de la derecha y las de la izquierda, que repartió estopa a todos), Hovik destrozó el patrioterismo casposo y naftalinero que se ha impuesto en determinados ambientes políticos y sociales, una lacra que, en tono burlón, se sintetiza en la frase «¡soy español, español…!, ¿a qué quieres que te gane?» Algunos, al parecer, se han tomado demasiado en serio la coña y la ha llevado a su programa político con un ligero retoque: «¡soy español, español…! Te jodes y te quedas sin prestaciones». Pues que conmigo no cuenten.
Otro de los pactos que me rechinó es el que firmó la concejala de Lugo María Reigosa con la líder del PP de Lugo, Elena Candia, para arrebatarle la alcaldía al socialista Miguel Fernández. Ignoro con detalle el grado de descontento que los lucenses muestran con la gestión de su ya caducado regidor, pero si fuese así prefiero que sean las urnas las que hablen, más cuando falta apenas un año para la convocatoria. Entiendo que una edil decida libremente, movida únicamente por su conciencia o coherencia, dejar un grupo, pero me cuesta más aceptar que en un par de semanas se esté dando morritos con el partido de la oposición, supuestamente en el otro hemisferio ideológico. Hay conversiones y conversiones, pero esta es de traca. Algunos han insinuado intereses espurios (una plaza de funcionaria de la Xunta le estaría esperando) de la concejala tránsfuga, pero ella lo niega. Así será (nos tendremos que fiar de su palabra, aunque antes también había dado su palabra a los socialistas). Pero creo, aunque sea un ingenuo, que lo más sensato hubiera sido que se marchase para casa y dejase su sillón al siguiente de la lista. Me cuesta entender esos bandazos, esas caídas del guindo, esas iluminaciones… Me cuesta mucho, pero es lógico si pensáis, como os dije antes, que llevo un montón de años en este oficio y una de las consecuencias de ello es ser un descreído y perder la fe.
Y hablando de fe, me gustaría despedirme con un agradecimiento cariñoso a monseñor Luis Quinteiro Fiuza, quien esta semana protagonizó un encuentro con suscriptores en el periódico. Luis, como yo le llamo para corresponderle al Roge que él emplea con frecuencia, habló de todo, sin cortapisas, con libertad, con valentía. Mi obispo de cabecera reivindicó, entre otros mensajes, el valor de la gente del mar, defendió la inmigración y advirtió que «esta sociedad necesita más que nunca el diálogo». Palabra de monseñor.
¡Buen finde!
Email: director@farodevigo.es
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