Opinión | Al lío

Subdirector de Faro de Vigo
El «tuning» no murió, solo se hizo mayor

Una de las primeras ediciones de Galiexpo Motorshow en el Ifevi. / RAFA ESTEVEZ
Tienen mérito los amigos de Galiexpo Motorshow. Dieciocho ediciones. El único gran show del motor que evolucionó del fenómeno tuning que sobrevive en la península Ibérica. Chapeau.
Cuando yo los conocí, allá por 2005, se llamaba Galiexpotuning y bebía de esa fiebre de la personalización de los coches que impulsaron las primeras películas de la saga Fast & Furious. Inolvidable el personaje de Dominic Toretto, encarnado por Vin Diesel, y su inseparable Brian O’Conner, interpretado por el fallecido Paul Walker —que, ironías del destino, murió tras volcar e incendiarse el deportivo que conducía en 2013—. En fin, que si lo que busca es un buen espectáculo sobre las cuatro ruedas, tiene una cita este fin de semana en el Ifevi.
Dos décadas atrás, el tuning era toda una religión entre los de mi quinta. Daba igual el coche que tuvieses: o le ponías llantas de aluminio, o un escape más grande, o unos neones de discoteca, o unas pegatinas horteras… Un vicio para nada barato que, como otros, se llevó por delante la gran catarsis financiera de 2008. Tengo un amigo (no diré su nombre) que se gastó más en tunear su Peugeot 208 que en lo que le costó de fábrica. Trabajó y quemó sus ahorros en él sin compasión y, años después, cuando decidió venderlo, pues digamos que no lo tuvo fácil. Aunque estoy seguro de que alguna lagrimilla derramó al desprenderse de su creación.
El tuning era un negocio que movía millones y Galicia era, según leo en la hemeroteca del decano, la comunidad con más adeptos después de Valencia, Cataluña, Madrid y Andalucía. Lo publicó un tal José Carneiro en 2007. Fue precisamente al preparar aquella información cuando conocí a Joaquín Portabales —que sigue al frente del comité organizador de Galiexpo Motorshow—, que entonces tenía la mayor tienda de accesorios y personalización de vehículos de la ciudad. Recuerdo que me explicó que el principal problema era homologar todas aquellas transformaciones para que los coches pudiesen pasar la ITV. Intuyo que este fenómeno social contribuyó, en 2006, a la creación del Centro de Enxeñaría Mecánica e Automoción de la UVigo: el CIMAlab de José Antonio Vilán.
Transcurrieron los años y el concepto tuning quedó casi en el olvido. Galiexpotuning pasó a llamarse ya en su tercera edición Galiexpo Motorshow, no por avergonzarse de su pasado, sino para abrir el salón también a los vehículos clásicos, a las dos ruedas, a los todoterrenos… hasta convertirse en el fenómeno que es hoy en día. Este fin de semana convivirán en el Ifevi superdeportivos, clásicos, motos, furgo-cámpers.... Habrá concentraciones de coches y motos, una zona de virtual gaming, música, presentaciones y propuestas específicas para las familias, entre ellas una ludoteca gratuita. Vamos, el gran espectáculo del motor.
Al final, eso es lo bonito de Galiexpo Motorshow: que no reniega de sus orígenes. Sigue oliendo a gasolina, a goma caliente y a aquel espíritu rebelde de los que, con algo de dinero y muchas ganas, convertían un utilitario cualquiera en su particular obra de arte rodante. Hoy ya no hace falta ponerle neones azules ni un alerón de avión para formar parte de la fiesta. Basta con amar los motores, ya sean centenarios, eléctricos, trucados o de serie. El tuning no murió; simplemente creció, se hizo mayor y aprendió a convivir con todo.
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