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Ser mañana el Friburgo
El análisis semanal del presente, pasado y futuro del deporte con Juan Carlos Álvarez

Newsletter de actualidad deportivo por Juan Carlos Álvarez
Nunca es fácil digerir la derrota por muy justa que sea. Rumiando su desgracia se han quedado muchos equipos en el campo de batalla. La historia está llena de ejemplos que nos recuerdan que más duro que perder es no saber (o no poder) levantarse. «Colapso en cadena» lo llamó Arsene Wenger cuando le sucedió en el Arsenal hace más de quince años. Soñaba con conquistar al fin la «maldita Copa de Europa» (no lo digo yo, lo dijo él poseído por la rabia), se sentía casi intocable, pero la eliminación en octavos de final supuso tal desplome que se llevó por delante una temporada en la que estaba destinado a ganarlo todo. La digestión de la eliminación ante el Friburgo supone un motivo de inquietud para ese sector de parroquianos que ven señales amenazantes en todas partes y se temen lo peor con la semana que tiene por delante el Celta (visitas al Barcelona y Villarreal), que no parece la ideal para pasar el luto. Es como si a un paciente con problemas digestivos en vez de ponerle un arroz hervido le colocas delante de un chuletón poco hecho y unos buenos pimientos asados como guarnición.
El Celta volvió a estrellarse contra esa barrera que solo Berizzo fue capaz de superar hace nueve años. Allí donde se quedó Víctor Fernández con su colección de internacionales ha llegado Claudio Giráldez armado con una plantilla repleta de gente de casa. No deberíamos cansarnos de poner en valor esta circunstancia y coincido con quienes dicen sentir más orgullo de las conquistas actuales que de aquellas que la niebla del tiempo empieza a difuminar. Es momento de agradecer este viaje por Europa que ha hecho crecer el prestigio y la cuenta corriente del club y la satisfacción de unos aficionados que han retorcido salarios, descansos, permisos y webs especializadas en hoteles y vuelos para encontrar la fórmula que les posibilitase estar al lado del Celta en cualquier esquina de Europa. Un ejemplo hermoso que expande y solidifica aún más el nombre del club.
La experiencia deja días para el recuerdo (la felicidad desbordada tras el triunfo en Lyon) y otros para aprender (aquel tortazo en el campo del Ludogorets que enredó las cosas de forma innecesaria aunque ayudó a entender las lagunas que había en la plantilla). Consideremos todo como parte del aprendizaje que un equipo que acaba de quitarse la L del novato debe procesar antes de afrontar retos similares con mayores posibilidades de éxito. El Friburgo pasó por encima del Celta con justicia porque es mucho mejor equipo y porque llegó a estas alturas de la competición en el punto de cocción ideal. El año pasado Claudio consiguió alcanzar algo parecido en el último mes de Liga, pero esta vez no ha podido lograrlo. Al margen de las lesiones, el Celta ha llegado a este tramo con casi todos los jugadores lejos de su mejor estado y eso requiere análisis y soluciones. Lo escribimos hace días: el objetivo del Celta es volver y que cuando suceda el equipo esté en condiciones de ejercer de Friburgo.
Les confieso una cosa ahora que estamos en confianza. Desde hace meses en la tableta desde la que les estoy escribiendo hay un documento que se llama «final de Estambul» y en el que de vez en cuando anotaba ideas, datos, recordatorios. Abrirlo y añadir un par de líneas era un pasatiempo mañanero con el que me entretenía, gamberreaba y me ilusionaba. Ese documento sigue ahí, pero desde hace unos días se llama «final de Francfort».
Susana Rodríguez y «Chevy» Guzmán, mejores deportistas de Vigo en 2025
Pasó un año más la Gala del Deporte (a medio camino entre la ida y Friburgo para hacer más apasionante la vida de la sección) y vuelvo a repetir lo que he dicho en otras ocasiones. Lo que más llena de esta fiesta es el agradecimiento que se traslada hacia los deportistas y el que éstos devuelven. Emociona en los jóvenes que pisan allí por primera vez y también en leyendas como Susana Rodríguez (posiblemente ya podamos considerarla la mejor deportista de la historia de la ciudad) que sigue conmoviendo por su implicación y el significado que para ella sigue tendiendo que sus vecinos le muestren ese reconocimiento. Larga vida a la Gala del Deporte.
Boninsegna y la lata de Coca-Cola
Me voy con la historia irrepetible que esta semana está dedicada a una eliminatoria europea de 1971 entre el Inter y el Borussia Mönchengladbach que pasó a la historia por la polémica que encerró el partido de ida que acabó con un escandaloso 7-1 a favor de los alemanes (siempre ellos) pero cuyo resultado no tuvo validez. La clave estaba en una lata de Coca-Cola y en Roberto Boninsegna, el delantero de los italianos.
Disfruten de esta semana intensa llena de fútbol y cábalas. Pase lo que pase no pierdan la esperanza. Nada se ganará ni se perderá en estos dos partidos. La batalla definitiva llegará en mayo. Hay que coger fuerzas hasta entonces.
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