Opinión | El correo americano
Trump, el papa y Jesucristo
En vez de analizar si Trump cometió una blasfemia cuando publicó en redes sociales una imagen suya en la que salía representado como Jesucristo, conviene enfocarnos en cómo le justifica su tribu. Esta es la gran prueba de fuego del culto a la personalidad. ¿Están dispuestos a sacrificar al mesías por un magnate de la construcción? Efectivamente. Por ejemplo, las palabras del evangelista Franklin Graham, hijo del pastor Billy Graham, son esclarecedoras. De acuerdo con el líder cristiano, Trump no intentaba hacerse pasar por Jesús. Como el propio presidente ha dicho, Trump, en el dibujo, está ejerciendo de médico (atención al nivel del debate nacional al que hemos llegado). No hay referencias religiosas. ¡Fijaos! No hay aureolas, ángeles o cruces. Solo iconografía patriótica: banderas, soldados, enfermeras, águilas… Según Graham, se trata de otra maniobra sucia para destruir al «presidente más favorable a los cristianos que he visto en toda mi vida».
Si bien es cierto que Graham ofrece una versión alternativa ciertamente convincente sobre lo que pueden ver nuestros ojos (quizás emitió el comunicado alentado por el presidente para que tranquilizara a los pocos evangélicos indignados que quedan), el hijo del célebre pastor no parece darle importancia a otros elementos que se pueden identificar en esa misma imagen. Como la luz divina con la que ‘el doctor’ parece curar a un hombre. O la extraña presencia diabólica que se sitúa detrás del presidente. O el atuendo, tan similar al que le atribuyen al nazareno en diversas representaciones. Está claro que, si se tratara de un médico, sería un médico muy new age, de guitarra bajo el brazo y medicina alternativa. Pero, a diferencia de lo que sugiere Graham, la polémica no la provocaron sus enemigos. Cualquier cristiano, tras echarle un rápido vistazo a este dibujo creado por la inteligencia artificial, pudo comprobar que Trump, en efecto, quería asociar su misión con la del hijo de dios, no con la de un profesional de la salud, pues «la cruzada» sirve como causa oportuna en estos tiempos de guerra prolongada, disidencias internas y popularidad baja.
La posición de Graham, sin embargo, no sorprende en absoluto. Sus seguidores siempre encuentran sentido a los exabruptos de Trump, aun a costa de profanar los espacios sagrados o de mofarse de sus propias tradiciones. A David French, un evangélico sensato y coherente, esto le parece «triste». Pero, a estas alturas, las previsibles declaraciones de Graham solo pueden causar vergüenza ajena. Una gran parte de los evangélicos ya mostró hace tiempo su verdadero rostro: Trump primero, incluso antes que su iglesia. Ellos sabrán. Olvidémonos de la formalidad presidencial, pues esta dejó de existir desde que el presidente republicano asumió su primer mandato. Lo que llama la atención es el poder que tiene Trump sobre los creyentes de base, los feligreses anónimos, no sobre los predicadores que subsisten bajo el poder político.
Otros no lo justifican, pero tampoco se atreven a ponerle objeciones a la blasfemia. Consecuencias de la ceguera colectiva, típica de una secta. O el miedo, también característico en este tipo de grupos. El líder nunca deja de observar. Unos serán castigados y otros recompensados. Si no, que se lo pregunten al vicepresidente JD Vance. Ahora, este supuesto católico renacido (que usó una fotografía de una iglesia metodista, donde aparentemente nadie lo conoce, para la portada de su nuevo libro, en el que relata su reencuentro con el catolicismo), quiso darle lecciones teológicas al papa León XIV, después de que este último (sin entrar en políticas concretas) se posicionara a favor de la paz y en contra de la guerra. Vance también está dispuesto a sacrificar lo que haga falta para satisfacer a su caprichoso jefe. Quizás, en privado, Vance y la gente como Vance se escandaliza o se ríe de los arrebatos infantiles del presidente. Queremos creer que saben que esto no es normal. Eso los convierte en unos cínicos tan responsables (o más) de la degradación progresiva de las instituciones. Aunque uno se pregunta si, en este nivel de delirio, el embustero cree en lo que dice o se cree que tiene la potestad requerida para decir lo que dice. Porque el presentador de Fox News Sean Hannity, al anunciar en directo su abandono del catolicismo coincidiendo con los ataques de Trump al Papa, parecía bastante serio y sincero.
Sin embargo, cuando durante un servicio religioso que tuvo lugar en el Pentágono, el secretario de Guerra Pete Hegseth, haciendo como que leía un pasaje de la Biblia, citó el famoso monólogo pronunciado por Samuel L. Jackson en «Pulp Fiction», nos recordó a todos de que va esto. Imaginémonos cómo llegó a manos de Hegseth ese extracto del texto que escribieron Quentin Tarantino y Roger Avary. ¿Se le ocurrió a él mismo? ¿Le gastaron una broma sus colaboradores? Yo prefiero pensar lo primero. En este caso, hay dos opciones: que fuera consciente de que estaba recurriendo al guion de una película y que pensara que nadie se iba a enterar, o que pensara que Tarantino y Avary no hacían más que reproducir, de forma literal, el Antiguo Testamento. En cualquiera de los casos nos encontramos con lo mismo: ignorancia y desprecio hacia los suyos. Y también (como sucede con la imagen de Trump representando como Jesús y las críticas al Papa) con la revelación de que, en realidad, en el trumpismo, una superproducción kitsch esponsorizada por unas cuantas iglesias cristianas, hay mucho postureo y poca convicción. Una épica de cartón piedra para fundamentalistas perezosos que ni siquiera se molestan en verificar las fuentes bíblicas, o para quienes, desde hace tiempo, han decidido ignorar la realidad para no afrontar unas contradicciones que los pondrían frente al espejo.
- Olalla, acogedora de dos hermanos con dedicación exclusiva: «Ni lo haces por ti ni por trabajo o vocación, es una forma de vida»
- Muere una mujer tras precipitarse desde un séptimo piso en Vigo
- Comerciantes y hosteleros empiezan a pagar cuotas voluntarias de 50 euros para el contencioso contra la subida de la basura
- El baile de sillas en la Xunta se atasca: más de 2.100 empleados deben tomar posesión pero hay déficit de plazas para los grupos A1 y A2
- La vía verde más grande de Galicia: 28 kilómetros de recorrido e ideal para los ciclistas
- Dos acusados se enfrentan a 3 años de cárcel por apropiarse de 136.000 euros de la venta de una casa en Baiona
- El Gobierno cederá capacidad pesquera a los jóvenes que quieran dar de alta un barco para emprender en el mar
- CC OO y UGT ratifican el preacuerdo del metal de Pontevedra en sus asambleas
