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Opinión | editorial

Peinador como síntoma de una visión errada

La propuesta del Clúster de Turismo de privilegiar el aeropuerto de Lavacolla en detrimento de Vigo y A Coruña revela que, como ya ocurrió con la Facultad de Medicina, la concepción centralista de Galicia está tan viva como equivocada

Peinador

Peinador

La propuesta del Clúster de Turismo de Galicia de centralizar los vuelos turísticos en el aeropuerto de Santiago y relegar los de Vigo y A Coruña a clientes de negocios revela dos elementos que no por conocidos, y reiteradamente denunciados en este mismo espacio editorial, no dejan de deprimir, incluso indignar. El primero es percibir cómo la visión centralista de Galicia permanece intacta en determinados sectores institucionales y políticos, de forma que identifican cerrilmente, sin atender cualquier otro tipo de consideración objetiva, la comunidad con su capital, Santiago de Compostela; el segundo es la apremiante necesidad de diseñar e implementar un plan estratégico para nuestros tres aeropuertos.

Defender que lo que es bueno para Santiago es bueno también para toda Galicia, al tiempo que despreciar como «demandas localistas» las peticiones procedentes extramuros de Compostela, en particular las proclamadas desde Vigo no es, por desgracia, algo que deba sorprendernos, aunque nos rebelemos, una y otra vez, contra esa concepción profundamente equivocada y perjudicial, que provoca incomprensión y desafección ciudadanas. Los ejemplos de esta visión antediluviana sobran y no hace falta viajar en el tiempo para encontrar antecedentes. Veamos dos.

Primero. Pese al interesado argumento de que Galicia ya tiene conexión por alta velocidad con la Meseta, porque la línea A Coruña-Santiago de Compostela-Madrid está operativa, la realidad es otra: el AVE llega a una parte de Galicia. Los habitantes de todo el sur, con Vigo como epicentro, deben dar un rodeo sangrante para conectarse con esa línea. Y esta situación discriminatoria —para satisfacción de los despachos ministeriales de Madrid— se prolongará, si es que algún día se subsana, más de una década. En FARO no nos cansaremos de repetir una obviedad: el AVE llegará de verdad a Galicia cuando Vigo, su ciudad con mayor población y dinamismo económico, tenga una conexión directa.

Segundo ejemplo, todavía más cercano. La cerrazón de la Universidad de Santiago por conservar en exclusiva la Facultad de Medicina frente a las pretensiones de la Universidad de Vigo y de A Coruña de impartir una parte de su docencia teórica. Esta pelea reveló que la idea centralista sigue extremadamente arraigada en determinados cenáculos. Santiago no quería ceder parte de Medicina a otros campus pese a los datos irrefutables que evidenciaban la necesidad y la conveniencia de hacerlo. Solo bajo la presión política y la amenaza de A Coruña y Vigo de poner en marcha sus propias titulaciones se logró esa descentralización, que no deja de ser un parche que alivia un problema, pero en modo alguno lo soluciona. Tiempo al tiempo.

Esta concepción de la capital gallega como el centro ha vuelto a destaparse con el plan del Clúster de Turismo. Su propuesta de convertir a Lavacolla en el corazón aeroportuario gallego y subordinar Peinador y Alvedro al estatus de terminales complementarias es un completo absurdo, que provoca el rechazo de la mayoría. El plan, más allá de ser una ocurrencia que no se sostiene mínimamente con números y hechos, como hemos publicado en FARO, indica algo más grave: el rechazo en algunas instancias a permitir que otros territorios crezcan, progresen y se desarrollen por sus propios méritos y capacidades; y la tendencia a dopar con fondos públicos a otros que sin esa inyección extra mostrarían su verdadero peso.

La segunda lección que debemos extraer de la desafortunadísima y miope propuesta del Clúster es que urge diseñar y fijar un plan aeroportuario. En más de una ocasión hemos alertado de la falta de una estrategia —apoyada en lo financiero— que se sostenga en el tiempo y sea abordada como un asunto de país.

Difícilmente se puede defender que el turismo es una extraordinaria palanca de crecimiento y bienestar —por su impacto en el PIB gallego, por su capacidad para crear empleo o por la proyección de imagen— y al mismo tiempo desentenderse del destino de una de las principales vías para captar visitantes: los aeropuertos.

Seguramente Galicia no necesitaría tres terminales —dos en una misma provincia es un pésimo ejemplo de eficiencia en la gestión de los recursos públicos—, pero ese debate es hoy estéril. Plantearse que tres aeropuertos son un error ya no tiene sentido; el propósito debería ser el contrario: entender que Peinador, Lavacolla y Alvedro, lejos de ser un problema, podrían verse como una oportunidad.

Pero para que así sea se precisan al menos dos elementos: un acuerdo entre las administraciones públicas concernidas —autonómicas, provinciales y locales— para desarrollar las terminales. Un pacto que, inequívocamente, pasa por un plus de financiación. Por desgracia, el mercado aeroportuario global, salvo en casos de grandes metrópolis o destinos turísticos masificados, se mueve a golpe de ayudas económicas a las compañías. Plantearse otro escenario sería naif. Así que la Xunta haría bien en destinar una partida similar a los tres aeropuertos con tal finalidad. La última oferta conocida —un máximo de 200.000 euros por terminal y año— es ridícula. Pensemos que Asturias le dedica más de tres millones anuales a su única terminal.

Las diputaciones de Pontevedra y A Coruña tendrían que colaborar en la tarea. Tienen recursos abundantes y el turismo es una de sus prioridades. Y los concellos de Vigo, Santiago y A Coruña deberían aportar su parte. En el caso de que alguna ciudad desease inyectar más dinero a cuenta de sus arcas municipales, sería libre de hacerlo. Pero al menos así habría unas reglas del juego transparentes y equitativas, no sujetas a la polémica y a la discrecionalidad.

Si convenimos en que el turismo es una palanca de crecimiento clave en Galicia, ¿qué están haciendo las administraciones para revitalizar sus aeropuertos, en especial Peinador, el más amenazado por Oporto? Si queremos un turismo de calidad, que trascienda el de mochila o el visitante en coche o caravana de fin de semana, gran parte de él llegará en avión (de hecho, la mayoría que ya lo hace ha aterrizado antes en Oporto). Si pretendemos que los extraordinarios atractivos de nuestra comunidad lleguen más allá de las fronteras ibéricas, la mejor forma de hacerlo es a través de los turistas foráneos... que llegarán en avión.

Los aeropuertos son un instrumento determinante en cualquier estrategia turística eficaz y ambiciosa. Galicia tiene tres y debe cuidarlos. Con justicia, ecuanimidad y responsabilidad. Sin favoritismos y con generosidad. Sin esperar que desde otras instancias, como Aena, resuelvan el problema. Porque no lo harán. Huyendo de la batalla política y con una mirada profesional. Pensando en el conjunto del país, que es la suma de todos y no de una parte, por muy capital que sea. En esta pelea por ofrecer terminales competitivas ya se nos han escapado demasiados vuelos, una lamentable pérdida de tiempo que otros, Oporto sin ir más lejos, han sabido exprimir con mucha inteligencia y más recursos públicos.

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