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Opinión | Al lío

José Carneiro

José Carneiro

Subdirector de Faro de Vigo

Se alinean los astros: Vigo vuelve a la carrera del Mundial de Fútbol

Infografía de la grada de Gol, una vez rematada.

Infografía de la grada de Gol, una vez rematada.

Cuando se alinean los astros, se abren los mares, brotan flores en el desierto y se obran milagros, toca aprovechar el momento, felicitarse y ponerse a trabajar, no vaya a ser que la tregua dure lo que el eclipse de sol de este verano. Y me refiero, ya lo habrán adivinado, al giro de la Real Federación Española de Fútbol con la candidatura de Vigo a acoger partidos del Mundial 2030. Curiosamente, cuando se cumple justo un año del escándalo del Sedegate y en la semana en que los vigueses celebran su Reconquista. No sé si ha sido una carambola o una jugada maestra de estrategia aprovechando la renuncia de A Coruña hace quince días. Pero, en fin, lo importante es que Vigo ha vuelto a la carrera mundialista.

Ya he perdido la cuenta de los artículos que he firmado sobre la exclusión injusta y amañada de Balaídos de la lista de estadios preseleccionados para el Mundial, desde aquel «Rafa, no me jodas» hasta hoy. Sobre la presión ejercida desde la ciudad para acoger la cita, la retahíla de excusas puestas sobre la mesa para justificar que Vigo no estuviese, la ambigüedad de los responsables de la Federación dependiendo del lugar en el que hiciesen las declaraciones, y ahora, por fin, la vuelta a la casilla de salida. Tiene razón el alcalde, Abel Caballero, cuando dice que nos han robado dos años. Pero estoy convencido de que, aun saliendo en desventaja, cuando los demás ya están en la primera curva, Vigo subirá al podio y se colgará su segundo metal mundialista.

Porque lo cierto es que, en estos dos años de exclusión forzosa, la candidatura olívica ha seguido dando pasos; más, como se ha visto, que otras ciudades que estaban dentro y no han tenido más remedio que renunciar. Las obras en Balaídos marchan a buen ritmo: la grada de Gol ya se alza sobre el Lagares y la reforma de Tribuna tiene su anteproyecto y financiación asegurada, del Concello, dispuesto a acometerla en solitario, pero también de la Xunta y la Diputación, que, como acaban de recordar, se comprometieron a colaborar si Vigo finalmente vuelve a ser mundialista. Bien, pues ya falta menos.

Con la RFEF en el bote, ahora nos queda convencer a los señores de la FIFA, que no creo que sean el problema. Balaídos cumplirá el aforo, la financiación y todos esos servicios exclusivos que rodean a la celebración de un Mundial de Fútbol. No puede ser de otra forma. Por eso no hay que bajar los brazos ni perder un minuto.

Ahora toca rematar la faena, sin triunfalismos prematuros ni viejos reproches que ya no aportan más que ruido. Porque si los astros, por una vez, han decidido alinearse a favor de Vigo, conviene no tentar a la suerte ni confiar en que lo seguirán haciendo por inercia. Estas cosas pasan una vez —y a veces ni eso—, y cuando ocurren hay que remar como si dependiese de nosotros, porque depende. Que nadie se despiste: esto no es el final del camino, es apenas el pistoletazo de salida. Y si queremos ver al mundo mirando hacia aquí en 2030, más nos vale correr, y correr en serio, antes de que el cielo vuelva a nublarse y cada estrella regrese, caprichosa, a su sitio.

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