Opinión | El boletín del Director

Director de Faro de Vigo
El show de Trump
El director de FARO, Rogelio Garrido, analiza los temas claves de la actualidad de esta semana

El director de FARO, Rogelio Garrido, analiza los temas claves de la actualidad de esta semana / FDV
El miércoles le dediqué (muchos pensaréis que perdí) más de dos horas a ver en directo (gentileza de CNN) la reunión de Donald Trump con su Gabinete. Se suponía que era un encuentro formal, serio, importante… el primero desde que EE UU, arrastrado por la insania de Netanyahu, decidió arrasar Irán (una sanguinaria teocracia, me apresuro a adelantar para evitar equívocos). Se suponía, digo, porque lo que realmente contemplé fue un grotesco espectáculo televisivo, una especie de Gran Hermano político en el que un puñado de hombres, la mayoría wasp (white anglo-saxon protestant) formados en elitistas universidades, encorbatados y repeinados, parloteaban rodeados de atónitos periodistas. El mundo se va al carallo y ellos de relax: bromas, risas histéricas, alguna frase grandilocuente y otras propias de machirulos. Ah, y sobre todo un asqueroso peloteo al jefe. El nivel de baba fue insuperable (el secretario de Defensa dijo que «los miembros del Gabinete rezaban cada día por el presidente Trump y el pueblo americano debería hacer lo mismo»). Joder, pensé, si Adam Smith, padre de La democracia en América, levantase la cabeza se moriría de un soponcio (o cogería un trabuco).
Lo que transmitió la CNN fue el show de Trump, un tipo capaz de calzar en la misma frase la posibilidad de un acuerdo de paz con los lousy iranís, lo beautiful que va a quedar el auditorio cultural de Washington tras la reforma que ordenó para rebautizarlo como Trump-Kennedy y la amazing calidad de las plumas con las que firma los decretos. Capaz de decir que no tiene prisa por firmar el acuerdo que los iranís le están «mendigando» y a renglón seguido amenazar a los iranís con «la peor de las pesadillas» si no firman ya el alto el fuego. Capaz de vaticinar que la paz se aproxima y al mismo tiempo confesar que no tiene ninguna prisa, «porque todavía nos quedan unos cuantos lugares que bombardear». Capaz de atacar al Reino Unido por no echarles una mano y sin solución de continuidad despreciar un posible apoyo británico con sus «aviones de juguete»… Cuando uno escucha la perorata de Trump, a medio camino entre Cantinflas y un charlatán del londinense Speaker’s Corner, asume que irremediablemente cualquier cosa mala que nos podamos imaginar puede ocurrir. O incluso algo peor.

Reunión de gabinete en la Casa Blanca encabezada por Donald Trump, junto al secretario de Estado Marco Rubio (izquierda) y el secretario de Defensa, Pete Hegseth¡ / Will Oliver (EFE)
Si no fuese el presidente de EE UU, Trump debería protagonizar la segunda parte de «Alguien voló sobre el nido del cuco». Tiene todos los rasgos de un tipo chaveta, pirado, zumbado, chiflado, majareta, grillado… (qué rico es el castellano, ¿verdad?). Pero, ahora que lo pienso, ¿quién está más chalado: él o esos ministros que le ríen chistes de todo a cien? ¿De verdad que el destino del planeta está en manos de esta tropa, una pandilla de prepotentes lunáticos? ¿En serio que hay líderes políticos en España, Italia o Hungría que los están apoyando? En las dos horas y pico de marras hubo tal concentración de mentiras y patrañas, que, si alguien hubiese dicho la verdad por un momento, habría saltado una alarma en la sala.
Dos horas y pico de Trump constituyen una experiencia lisérgica, un viaje como los que relató el corrosivo Hunter S. Thompson. Una incursión en lo peor de la política, un descenso al infierno del esperpento valleinclanesco. Es como contemplar al Nerón del siglo XXI rodeado de lameculos; gente que se pelea por ver quién suelta el elogio más exagerado (el secretario del Interior, Doug Burghum, batió el récord al asegurar que el amor que profesan los venezolanos hoy Trump «es equivalente al que sienten por Simón Bolívar»).
El mundo está mal, ya pensaba antes de ver el show de Trump, pero ahora estoy por ponerle una vela a San Antonio de Padua, experto en causas imposibles. Pero me da que ni el santo arregla esto. Mi consuelo es que en dos años los norteamericanos volverán a votar y que Trump no se podrá presentar (salvo que se cargue la Constitución, que todo es posible). Pero entro en pánico, literalmente hiperventilo, si pienso que todavía pueden elegir a alguien peor. Y es que candidatos no faltan. Basta echar un vistazo a la mesa del Gabinete: ahí se reúnen, entre otros, el vicepresidente JD Vance, cristiano fanático; el secretario de Defensa, Pete Hegseht, un rambo mesiánico; el secretario de Salud, Robert F. Kennedy, el Kennedy pirado de la familia, un firme antivacunas; y por supuesto, Marco Rubio, el secretario de Estado, poseedor de una sonrisa diabólica y una mirada tan fría que congelaría el mismísimo infierno. La otra opción (que dios nos asista) es que Trump decida dejar en herencia la Casa Blanca a uno de sus vástagos. Continuará (por desgracia)…
P. D.: Sí, llámame loco, pero no tonto: el patrimonio de Donald Trump aumentó un 183% en dos años. En 2024 tenía 2.300 millones; hoy, 6.500. El negocio de la guerra.
¡Buen finde!
Email: director@farodevigo.es
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