Opinión | Salud
Natalia Araguás
‘Conspiritualidad’: la conspiración y el bienestar
Un libro analiza la desinformación sobre salud que corre en internet de la mano de ‘influencers’ y gurús de la medicina alternativa y la cultura holística. Los autores, vinculados al mundo del yoga, hablan desde la propia experiencia

‘Conspiritualidad’: la conspiración y el bienestar / LP / ED
En 2016, un hombre irrumpió en una pizzería de Washington llena de gente y la emprendió a tiros contra un armario. Estaba convencido de que escondía un sótano donde una pérfida red de líderes demócratas, actores y multimillonarios -de Hillary Clinton a George Soros, pasando por Tom Hanks y el entonces papa Francisco- gestionaba una red pedófila. Tras violar y torturar niños, se bebían su sangre allí. Por fortuna no hubo que lamentar ninguna muerte, pero estos hechos fueron precursores de QAnon, una de las principales teorías de la conspiración de la ultraderecha estadounidense, que nació en las alcantarillas de Internet-en foros como 4chan y 8chan- y acabó por integrarse en el Partido Republicano.
Solo Donald Trump, en cuyos mítines comenzaron a proliferar camisetas con eslóganes como Salvemos a nuestros niños y Hollywood se come a los bebés, podía detener la trama, pontificaba QAnon. En 2020, el hashtag #pizzagateisreal resucitó de la mano de influencers como Sayer Ji, fundador del portal de pseudociencia GreenMedInfo: un año después, el prestigioso Centro para Contrarrestrar el Odio Digital (CCDH) le acusó de ser una de las doce personas del mundo que más promovía la desinformación sobre vacunas. Su entonces pareja, la psiquiatra holística Kelly Brogan, publicó un video-sermón en el que comparaba las medidas de protección contra el covid con «las agendas de deshumanización que precedieron al Holocausto».
Tras la reciente publicación de los archivos de Epstein, el pizzagate ha vuelto a cobrar vida en las redes sociales, por la pedofilia en las altas esferas y la afición a la eugenesia del magnate. «Los crímenes de Epstein son suficientemente horribles sin tener que recurrir a explicaciones inverosímiles que distraigan a la gente de que es un síntoma abominable del capitalismo», explica en videoconferencia Matthew Remski, uno de los autores de Conspiritualidad, que Capitán Swing acaba de publicar en castellano. Junto con Derek Beres y Julian Walker, diseccionan cómo, con el caldo de cultivo de la pandemia, diversos influencers de medicina alternativa y profesores de yoga dieron pábulo a las teorías conspirativas que llevaron a Trump de nuevo a la Casa Blanca y pusieron en riesgo la salud pública mundial entre asanas y batidos verdes.
Conspiritualidad empieza por documentar casos modestos: del herbolario que ha dejado de creer en los gérmenes a la profesora de yoga que en 2020 comenzó a hacer publicaciones donde negaba la existencia del coronavirus y conminaba a estudiar cómo las torres de telefonía 5G «están destruyendo nuestro sistema inmunitario colectivo». Lo que podía haberse quedado en desvaríos individuales de corto alcance amplió su influencia gracias a internet. El despertar espiritual se transmitía en reuniones por Zoom y cursos online, la industria del bienestar comenzó a estar regida por antiguos ejecutivos que dominaban perfectamente las estrategias del marketing.
En no pocos casos, el negocio se convirtió en una secta o algo parecido. Para hacer fortuna en la industria del bienestar, los productos ecológicos o la medicina alternativa no hace falta ninguna titulación específica. Sí grandes dosis de carisma, un término teológico que hasta hace un siglo significaba «don» o «gracia» de origen divino. «Casi todos los grupos tóxicos o cultos están unidos e inspirados por el carisma del líder. Si eres carismático puedes ser un farsante, puedes no saber nada si eres lo suficientemente impresionante. Los jóvenes deberían tener un radar para eso», advierte Remski.
La última parte del libro disecciona los más insignes de la «panoplia de vendehumos»: de Christiane Northrup, ginecóloga retirada que pasó de dar consejos sobre la salud alternativa femenina a ser una activista antivacunas, a JP Sears, antes gurú del bienestar y ahora youtuber de la ultraderecha con un tono satírico.
Los autores hablan desde la experiencia. Remski, que enseña yoga y ayurveda en Toronto, cayó en la juventud en las redes de varias sectas. Una de ellas fue la del monje neobudista Michael Roach: en el verano de 2020 proclamaba el poder de la meditación para acabar con la pandemia en el curso en línea El amor en los tiempos del virus. Julian Walker sucumbió en su juventud al hechizo de la instructora de yoga Ana Forrest, hasta el punto de convencerse de que podía «ver la energía» y detectar las enfermedades.
Por su parte Derek Beres encontró alivio en el yoga y la meditación a los ataques de ansiedad y pánico que solía padecer, pero cuando a los 35 años le diagnosticaron un cáncer testicular, en los círculos del bienestar de Los Ángeles por donde se movía le dijeron que «el cáncer está ahí por alguna razón», aludiendo a la supuesta responsabilidad espiritual que el individuo tiene sobre sus enfermedades. La obsesión por los alimentos puros y limpios le llevó a sufrir ortorexia. Los tres se decidieron a denunciar que en su ambiente se estaba generando «comida basura espiritual, manipulación y demagogia pseudopolítica».
¿Hay carne de cañón para este tipo de movimientos? Lo principal es la «vulnerabilidad situacional», por encima de la salud mental o no haber desarrollado el pensamiento crítico, cree Remski. Estados Unidos, un país sin un sistema público de salud universal en el que los médicos interrumpen a los pacientes apenas once segundos después de que empiecen a hablar, es terreno abonado para la conspiritualidad, que crece en un sistema médico deshumanizado, del que desconfía la ciudadanía tanto como del gobierno.
Remski está muy alarmado «por un panorama mediático roto y gamificado, donde es muy difícil obtener información sólida y donde las emociones de los jóvenes se exageran y manipulan. Aunque la conspiritualidad viviera durante la pandemia su edad de oro, tiene visos de continuar. «Es una forma de imaginar una revolución sin conciencia de clase, sin crítica y sin hacer nada más que rezar, meditar, beber batidos y qué sé yo, enemas», resume.
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