Opinión | La tribuna
Mucho me temo que esto va para largo
Las invasiones no suelen dar buenos resultados. Después de que a los americanos se les complicara la de Irak, donde no fueron recibidos como los libertadores que creían ser (a los rusos les pasó lo mismo en Ucrania), Colin Powell elaboró una doctrina que decía que la guerra debía ser el último recurso y hacerse solo en caso de necesidad, con planes claros de entrada y de salida; aplicar toda la fuerza disponible; y contar con el respaldo de la opinión pública. Y aún así... El error de no cumplir Washington con estas condiciones al atacar Irán se hace patente cada día que pasa.
La guerra la empezó Israel, que desde hace años ve a Irán como enemigo existencial y estratégico, y quiere aprovechar su actual debilidad para acabar de una vez por todas con el odiado régimen de los ayatolás. Los israelíes lo tienen claro. Y si de paso también acaban con Hizbulá, pues tanto mejor. Otra cosa son las suspicacias que produce su creciente hegemonía militar en Oriente Próximo, que no será aceptada por países como Turquía o Arabia Saudí. Eso queda para más adelante y es semilla de futuros problemas.
EE UU no cumple con ninguna de las condiciones de Colin Powell. Comenzó la guerra a rastras de los israelíes, como confesó Marco Rubio al decir que cuando Israel les comunicó que iba a bombardear Irán, Washington pensó que Irán respondería atacando a sus bases y decidió adelantarse golpeando preventivamente. Eso en cuanto al inicio, que se produjo, además, en plenas negociaciones con Teherán, que quizás hubieran podido dar resultados positivos. Si Trump no hubiera denunciado unilateralmente el Acuerdo Nuclear hecho por Obama hoy no tendríamos este problema. Sobre la salida no parecen tampoco tener ideas claras, porque nos han dado muchas: acabar con el arsenal nuclear iraní (¿no había quedado «obliterado» en la guerra del año pasado?); promover un cambio de régimen que haga a Irán great again; respaldar las manifestaciones masivas, «porque la ayuda está en camino»; destruir los arsenales de misiles... Trump tan pronto exige una rendición incondicional como afirma que los iraníes quieren negociar y que él también está dispuesto... ¿con quiénes? Porque ha asesinado a Jameneí y afirma que también matará a su sucesor; un día dice que el fin de la guerra es inmediato y otro que se puede alargar; que no pondrá soldados sobre el terreno o que los enviará para recuperar los 400 kilos desaparecidos de uranio enriquecido. Trump ha dicho una cosa y su contraria, como hace siempre, aumentando la confusión. Y todo contra el derecho internacional, sin aprobación del Congreso, gastando un platal y contando solo con el apoyo del 30% de su propia opinión pública.
Por su parte, el régimen iraní se dispone a aguantar como sea y llamará victoria a lograrlo. El nuevo líder Mojtaba Jameneí (¿herido?) se ha mostrado muy beligerante y desafiante en su primer discurso: el régimen se mantiene y conserva —al menos por ahora— el apoyo de los militares. Su estrategia es la del martirio si no hay más remedio, pero no sin antes haber provocado el caos mundial cerrando Ormuz, extendiendo el conflicto a todo Oriente Próximo (bases militares, aeropuertos, infraestructuras petrolíferas, centros de datos...) y amenazando con llevar el precio del barril de petróleo hasta 200 dólares. Antes estaba a 70 y ahora está en 100 dólares, pero llegó hasta 125. Con el estrecho cerrado y los petroleros incendiados, la tendencia de los precios será volátil y alcista, encarecerá la electricidad, el transporte y los fertilizantes, y repercutirá en la cesta de la compra, el turismo, la inflación, las tasas de interés y el déficit. Y si los países del Golfo dejan de hacer dinero tampoco lo reinvertirán en Estados Unidos y eso afectará al empleo. Aquí perderemos todos, como consecuencia de una operación militar emprendida a todas luces sin prever sus consecuencias. De momento, se han liberado 400 millones de barriles de las reservas estratégicas de la Agencia Internacional de la Energía (equivalentes a la producción mundial de cuatro días) y 140 de los propios EE UU. Un pequeño parche, pero menos es nada.
Los rusos ganan, porque distraen la atención de su «operación especial» en Ucrania, llegan menos armas y dinero para Zelenski, y encima se dispara el precio del crudo, que da un respiro a su maltrecha economía. Y también ganan, a su vez, los chinos, que ven a los americanos empantanados en Oriente Próximo. Lo que se dice hacer un pan con unas tortas.
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