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Opinión | tribuna libre

Ángeles barros*

Cuando el dolor se convierte en negocio

Hace un mes enterramos a mi hermana. Y todavía no hemos podido empezar a hacer el duelo.

Porque además de despedir a una persona querida, hemos tenido que enfrentarnos a algo que nadie te cuenta: la opacidad de algunas funerarias cuando más vulnerable estás.

Cuando alguien muere, no estás pensando en facturas. No estás comparando precios. Revisando si realmente son las flores más económicas del mercado. Estás en shock. Estás roto. Confías.

Confías en que quien se presenta como profesional actuará con humanidad y transparencia.

En nuestro caso, el funeral fue lo más sencillo posible.

Sin misa de familia ni música de iglesia.

Sin flores.

Sin autobuses.

Sin caja para exponer.

Sin extras.

Solo una despedida digna como ella solicitó.

Un mes después llega la factura. Casualmente, el importe exacto del capital asegurado. Ni un euro menos. Nunca sobra nada. Da igual lo sencillo que haya sido el servicio. Siempre se alcanza el máximo disponible.

¿Es casualidad?

¿O es un sistema que ajusta el gasto al límite del seguro, en lugar de ajustar el servicio a lo realmente contratado?

No recibimos una lista clara de inclusiones antes a pesar de solicitarla cada vez que nos veíamos. No podían explicarnos con precisión qué incluía la póliza y qué no. Solo respuestas vahas en medio del dolor.

Las funerarias trabajan con personas en estado de shock emocional. Esa vulnerabilidad exige más ética, más transparencia y más escrúpulos, no menos.

El duelo ya es suficientemente duro como para tener que sentir después que alguien ha jugado con tu confianza.

No escribo esto solo por mi hermana.

Lo escribo por todas las familias que, en silencio, sospechan, pero no reclaman.

Por quienes no tienen fuerzas para revisar facturas cuando apenas pueden levantarse de la cama.

La muerte no debería ser un espacio sin transparencia.

El dolor no debería ser una oportunidad de negocio ajustado al límite del seguro.

Ojalá esta carta sirva para que se exija algo muy simple: listas públicas de precios, presupuestos claros, explicaciones previas por escrito y facturación ajustada a servicios reales, no al máximo disponible.

Porque despedir a alguien ya es devastador. Sentir que además se han aprovechado de ti, es insoportable.

*Vecina de Bueu

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