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Opinión | Al lío

José Carneiro

José Carneiro

Subdirector de Faro de Vigo

La extraordinaria rutina de Inditex y Stellantis

Trabajadores de Inditex y Stellantis.

Trabajadores de Inditex y Stellantis. / FDV

Es fascinante lo rápido que se acostumbra uno a lo extraordinario. No me refiero a que el Celta juegue en competiciones europeas ni a que el mundo se encamine hacia la Tercera Guerra Mundial con Irán como epicentro bélico. Sino a los hitos que las dos mayores empresas de Galicia, Inditex y Stellantis, comunican como si tal cosa, casi restándoles importancia, con excesiva modestia; logros a los que ya estamos tan acostumbrados que no valoramos en su justa medida.

Empiezo por Stellantis, que para eso es el motor de nuestra economía aquí en el sur. Pues resulta que esta semana la factoría de O Fragoso ha ensamblado su vehículo número 17 millones. Sí, sí, han leído bien: 17 millones de coches, desde aquellas primeras Citroën AZU lanzadas en 1958 hasta los actuales Peugeot 2008 y la familia K9 (Berlingo, Partner, Combo, Doblò, Proace City...). Pocas plantas en el mundo pueden presumir de semejante producción acumulada, y menos aún fardar de que un tercio de esos 17 millones se haya fabricado en esta última década. Tan (mal)acostumbrados nos tiene Stellantis —que en 2025 pulverizó su récord histórico anual, con más de 550.000 automóviles— a estas gestas que hasta casi pasan desapercibidas. Pues eso, que o mucho cambian las cosas o en un año estaremos festejando los 18 millones. Espectacular.

Pues si Stellantis se sale… Inditex ha vuelto a asombrar al mundo al superar en su último año fiscal los 6.000 millones de euros de beneficio. Sí, no ven doble: tres ceros. Y casi 40.000 millones de euros de facturación, de los cuales cerca del 30% procede ya del canal online. ¿Tiene techo el coloso de Arteixo? Pues si lo tiene, yo no se lo veo, porque ha demostrado en los últimos años capacidad sobrada para sobreponerse a cualquier contratiempo que se le ponga por delante, ya sea la pandemia, la guerra de Ucrania o ahora el caos en Oriente Medio.

El conglomerado que creó Amancio Ortega ha duplicado su tamaño en la última década, en la que ha pasado de un modelo basado en la expansión masiva de puntos de venta a otro centrado en la calidad, el tamaño y la rentabilidad del espacio comercial. Si eso no es saber adaptarse, entonces ya no sé nada.

Así, ¿cómo no va a ser Ortega el hombre más rico de España? Solo en dividendos cobrará este año algo más de 3.200 millones de euros, con los que podría comprar, como bromeábamos ayer en la Redacción, más del 70% de las 30.600 viviendas que se vendieron el año pasado en Galicia. Vamos, que si quisiera, don Amancio podría ser el casero de todos los gallegos.

Quizá por eso conviene detenerse un momento y tomar perspectiva. Porque mientras discutimos a diario sobre lo mal que va todo —que si la vivienda, que si la inflación, que si la política— aquí, en esta esquina del noroeste, operan dos gigantes capaces de competir de tú a tú con los mejores del planeta. Uno fabricando coches que recorren medio mundo desde Vigo; el otro vistiendo a millones de personas desde Arteixo. Y lo hacen con una naturalidad pasmosa, como si fuese lo más normal del mundo.

Así que, la próxima vez que oigamos que la planta de Balaídos bate otro récord o que Inditex vuelve a pulverizar sus resultados, quizá deberíamos hacer una pequeña pausa antes de pasar a la siguiente noticia. Porque, aunque aquí ya parezca rutina, lo que ocurre con Stellantis y con Inditex es, simple y llanamente, extraordinario.

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