Opinión | Al lío

Subdirector de Faro de Vigo
El nuevo Balaídos, el corazón de Vigo

Vista del parque de Balaídos desde Matamá. / Marta G. Brea
La primera vez que visité Balaídos, la planta —no el estadio—, tenía tres años. No recuerdo nada, como es lógico, pero por una foto que aún se conserva por casa sé que iba acompañado por mi padre —por aquel entonces trabajador de Citroën tras su paso por la marina mercante—, mi madre y mis abuelos paternos. En la imagen se me ve minúsculo, rubio casi albino, de la mano de mi abuela Arminda, en el interior de un taller que parece Montaje, aunque no estoy seguro. Cuenta mi padre que aguanté caminando todo el recorrido y que se sintió orgulloso de la gesta. Aún se le nota en la mirada cuando lo recuerda.
Corría el año 1983 y Balaídos no se parecía en nada a lo que es hoy. Ni la fábrica —entonces con una producción casi artesanal, lejos del actual nivel de automatización— ni el polígono, el corazón industrial del sur de Galicia, del que dependen un tercio de las exportaciones de la comunidad y decenas de miles de empleos; sede de multinacionales como Stellantis o GKN Driveline. Sin duda, el parque empresarial más importante de Zona Franca, que ahora, al fin, tras años de preparativos y demoras a la espera del nuevo Plan Xeral, está listo para crecer y, al mismo tiempo, devolver a la ciudad parte de lo que durante décadas le arrebató en forma de una gran zona verde. Porque, como hemos publicado, la ampliación de Balaídos dará lugar al cuarto mayor parque de Vigo, después de Castrelos, O Castro y A Guía.
Más de 76.000 metros cuadrados —el equivalente a once campos de fútbol— para disfrute de los vigueses, especialmente de los vecinos de Matamá, quienes históricamente más han sufrido las consecuencias de la actividad industrial del polígono. Se creará un cinturón vegetal que amortiguará el impacto visual y pondrá en valor el patrimonio natural e histórico del entorno —petroglifos, el lavadero—; se derribarán muros, se levantarán edificios de oficinas integrados en la naturaleza y se ganarán más de 100.000 metros cuadrados para actividad industrial, que buena falta le hacen a la que hoy es la mayor planta de coches de España, la segunda de Europa y la primera del grupo Stellantis.
Los detalles de la ampliación los ha desvelado Patricia Casteleiro, junto con las infografías que muestran cómo quedará el parque y la nueva zona verde hacia Matamá. Y por mi parte quiero subrayar que acierta Zona Franca al apostar por una economía sostenible y por mejorar las condiciones de trabajo para atraer capital humano —tan escaso y codiciado estos días—, porque ese es el futuro.
Nada se parece el Balaídos actual al que visité cuando tenía tres años —curiosamente la edad de mi hijo pequeño; quizá deba pedir a Stellantis que me deje volver con él, su hermana, su madre y con el abuelo: tres generaciones vinculadas, de una u otra forma, a la planta y a la industria de la automoción—. Y en nada debería parecerse al de dentro de cinco o seis años, cuando culmine la ampliación.

Imagen de aquella primera visita a Citroën en 1983. / FDV
He visto a mi padre emocionarse al recordar aquella visita familiar de 1983. He visto a miles de trabajadores —muchos de ellos familia, amigos, conocidos— sostener con su esfuerzo buena parte de la prosperidad de Vigo. Y ahora vemos cómo ese mismo espacio que durante décadas simbolizó el trajín industrial —con sus inevitables ruidos, humos y turnos interminables— empieza también a ser parque, sendero y horizonte verde para Matamá.
No es un gesto menor. Es la constatación de que la industria y la ciudad no tienen por qué darse la espalda. De que el progreso puede derribar muros en lugar de levantarlos, como está ocurriendo con el Puerto en el frente marítimo. Y de que Balaídos, que fue memoria de esfuerzo para varias generaciones, puede convertirse también en símbolo de equilibrio para las que vienen.
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