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Opinión

La construcción naval civil: situación y perspectiva (VI)

Soldador del naval en Vigo.

Soldador del naval en Vigo. / Marta G. Brea

Estamos organizando un viaje en primavera para nuestros estudiantes del Máster en Ingeniería Naval y Oceánica de la UPM a una de las zonas más importantes en construcción naval en España. Pretende ser análogo al que realizamos cada otoño a Vigo, una cita tradicional en nuestro calendario docente y, sobre todo, una experiencia que deja una huella profunda en los futuros ingenieros.

En la visita a Vigo siempre incluimos, además de astilleros, al menos una empresa de la industria auxiliar. En los últimos años, por ejemplo, hemos visitado Pipeworks. La razón es sencilla: la industria auxiliar no es un complemento, sino una parte crucial de la cadena de valor de la construcción naval. En muchos casos, la innovación, la flexibilidad y la verdadera ventaja competitiva del sector nacen precisamente en estas empresas especializadas que rodean al astillero.

Cuando empezamos a planificar el viaje de primavera, nos dijeron algo que nos hizo reflexionar: no hay en España nada comparable a Vigo desde el punto de vista de la industria auxiliar. Esa concentración de empresas, conocimiento, experiencia y capacidad de respuesta es, sencillamente, un privilegio. Un lujo industrial que muchas regiones querrían tener y que aquí a veces se da por sentado.

Conviene recordar qué entendemos por industria auxiliar en construcción naval. Hablamos del conjunto de empresas que suministran bienes y servicios especializados al astillero: desde fabricación de bloques y estructuras metálicas, sistemas de tubería, electricidad, habilitación, pintura, aislamiento, hasta ingeniería, logística o mantenimiento. Sin ellas, nuestros astilleros no podrían cumplir ni plazos, ni costes, ni estándares de calidad. En realidad, sencillamente no se construirían los barcos.

En el caso del Gran Vigo, según datos, no muy precisos, del propio sector y de organismos representativos del mismo como Navalia, Aclunaga y Asime, con más de doscientas empresas asociadas, los astilleros y su industria auxiliar tienen una cifra de negocio del orden de 700 millones de euros anuales y sostienen unos 5.000 puestos de trabajo directos. Son, sin duda, uno de los grandes motores industriales de Galicia, con un radio de acción que desde Vigo alcanza a Ferrol, donde la industria auxiliar juega un papel crucial en la cadena de suministro de Navantia.

Es habitual en astilleros de la zona que la mayoría del personal que se encuentra cada día en la factoría pertenezca, en realidad, a la industria auxiliar. Son estas empresas las que realizan tareas que tradicionalmente hacía personal propio del astillero, como la fabricación y pintado de bloques, el montaje de sistemas de aire acondicionado, eléctricos y electrónicos, e incluso la logística de planta. Son las empresas, además, que atesoran el conocimiento detallado sobre los procesos que ejecutan. La frontera entre «astillero» y «auxiliar» es, en la práctica, cada vez más difusa. No es exagerado afirmar que la industria es la placenta que alimenta a los astilleros.

Sin embargo, esta misma estructura hace que la industria auxiliar sea también la parte más vulnerable del sistema. Cuando hay una quiebra, son estas empresas las que más pierden. Sufren quitas de deuda que, en muchos casos, pueden calificarse, sin exagerar, de criminales. Las quiebras de Vulcano, Factoría Naval de Marín, Barreras y Cíes dejaron un rastro de pymes afectadas, con facturas impagadas, despidos y, en muchos casos, cierres definitivos. Basta repasar la hemeroteca para encontrar ejemplos de talleres y proveedores que no lograron sobrevivir al golpe financiero.

Y, pese a todo, este ecosistema sigue en pie. Eso habla de su resiliencia, pero también nos obliga a preguntarnos si se está valorando de verdad el riesgo de perderlo. A las quitas y la fragilidad financiera se suma un conjunto de retos de proporciones históricas: la formación, la dificultad para atraer talento joven y ofrecer una carrera profesional atractiva, la competencia de otros sectores industriales, la necesidad constante de innovación e inversión en tecnología, el reto de la construcción naval militar, y, envolviéndolo todo, el tsunami tecnológico que supone la transformación digital, con su conjunto de tecnologías habilitadoras, y sobre todas ellas, la inteligencia artificial.

La industria auxiliar naval de Vigo es un lujo para la zona, una ventaja competitiva que no se improvisa ni se crea de la noche a la mañana. Se construye durante décadas, empresa a empresa, trabajador a trabajador. Desde la universidad, cuando traemos a nuestros estudiantes aquí, no solo les mostramos barcos; les mostramos un ecosistema industrial vivo. La pregunta es si, como sociedad, estamos haciendo lo suficiente para cuidarlo y asegurar que sus aportaciones persistan en el futuro.

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