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Opinión | Al lío

José Carneiro

José Carneiro

Subdirector de Faro de Vigo

La promesa de Peinador: chuches a cambio de vuelos

Despegue de un avión de Ryanair de Peinador con destino a Londres.

Despegue de un avión de Ryanair de Peinador con destino a Londres. / ALBA VILLAR

Nunca olvidaré la cara que puso mi hijo pequeño la primera vez que falté a mi palabra. La incredulidad reflejada en su pequeño rostro. Si mal no recuerdo, le prometí una chuche para suavizar —y estimular— la vuelta al cole y, cuando lo recogí a él y a su hermana al acabar la jornada, me había olvidado de llevársela. «Me lo prometiste», me recriminó con los ojos llorosos e inyectados en sangre por la rabia. «Bueno, ya te la doy después», creo que le dije. «Me lo prometiste»

Es una anécdota que, como supondrán, acabó no con una, sino con dos golosinas en poder del crío, a modo de penitencia por mi despiste. Pero claro, después de tantos años en un periódico, lo de «donde dije digo, digo Diego» lo tengo tan interiorizado que, al final, acabé pecando por contagio. Y es que, ¿cuántas veces habré leído (y publicado) «jamás pactaré con fulanito», «las pensiones no se tocan», «esta obra estará en tal fecha», etcétera? Cientos, miles…

Es lo que tiene la res publica: lo que hoy no vale, mañana sí… y con alfombra roja. Y al revés. Aunque hay cambios de parecer que, hay que reconocerlo, tienen todo el sentido del mundo y conviene felicitar a quien los ejecuta. Al fin y al cabo, rectificar es de sabios, ¿no? Pongo como ejemplo el giro que ha dado el alcalde con la posibilidad de que el Concello vuelva a subvencionar, en solitario, rutas aéreas en Peinador. En la entrevista que le hice el pasado 1 de febrero, la pregunta y la respuesta no dejaban lugar a dudas:

—¿Está el Concello dispuesto a financiar vuelos en solitario?

—No. Nosotros no vamos a pedirle a la gente de Vigo que sus impuestos se dediquen a pagar cosas que tienen que pagar la Diputación y la Xunta.

Apenas tres semanas después de ese «no», el alcalde confirmó negociaciones con una aerolínea —no dijo cuál— para recuperar la última conexión internacional de la terminal viguesa, subvención mediante, claro: «Con la Xunta y la Diputación o sin ellas, pero Vigo tendrá un vuelo Vigo-Londres», afirmó, categórico. Insiste Caballero —y a mi juicio tiene razón— en que la institución provincial y el Gobierno autonómico deben cofinanciar a partes iguales este nuevo contrato publicitario porque, a fin de cuentas, desde Peinador no vuelan solo los vigueses.

No sé qué habrá llevado al alcalde a este brusco cambio de opinión, aunque quizá tenga algo que ver el mal balance de enero de Peinador: una caída de pasajeros del 8,1% por la huella que ha dejado Ryanair en sus vuelos a Barcelona y Stansted (Londres). Un golpe que evidencia que la terminal olívica, pese a su resistencia, necesita —como todas— ese plus que aportan las subvenciones si quiere competir en igualdad de condiciones con aeropuertos que van más dopados que Lance Armstrong en sus mejores tiempos. Porque la pujanza de un territorio, lamentablemente, no basta sin ayudas.

Al final, igual que con mi hijo, el alcalde habrá pensado que mejor una conexión (o dos gominolas) que ninguna. Y si para conseguir ese Vigo-Londres hay que digerir un «no» de hace tres semanas y poner dinero público encima de la mesa, pues se pone. Porque en política local —y en la vida— a veces el verdadero error no es cambiar de opinión, sino empeñarse en mantenerla cuando los números, los pasajeros y el futuro de la ciudad te miran con los ojos llorosos e inyectados en sangre de la realidad.

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