Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | El correo americano

Un poder independiente

El Tribunal Supremo tumbó una parte de los aranceles que Trump pretendía imponer. El presidente, como era de esperar, no se lo tomó bien. Su vicepresidente sugirió, al igual que su jefe, que los jueces no están para hacer política. Que la política la hacen los políticos. La música nos suena. Se quejan de la judicialización de la política. Esto no solo es hipócrita (cuando las sentencias les favorecieron a ellos, lo celebraron como un triunfo patriótico), es que además revela una interpretación torticera de la democracia en la que solo cabe uno de sus poderes.

Lo mejor de esta decisión es que la ha tomado un Tribunal mayoritariamente conservador con jueces nombrados por el propio presidente. Esto le da a la sentencia mayor validez, mérito e incluso legitimidad. Los magistrados están para revisar la legislación de los legisladores, para vigilar las maniobras de los presidentes, para deliberar en casos donde se pone en duda la constitucionalidad de determinadas acciones. No todas las decisiones tienen que gustar. Incluso se pueden criticar y cuestionar. Pero hay que acatar, concediéndoles la autoridad que poseen. En muchas ocasiones, a lo largo de su historia, el Tribunal no fue sino un reflejo del momento cultural e ideológico que vivía la nación en ese momento, véase los primeros años de la segregación sureña o el auge de los derechos civiles. Al fin y al cabo, los jueces también son un producto de su tiempo. Se les presupone ideología, pero no partidismo.

Que jueces conservadores tomen una decisión que puede molestar al partido que más se aproxima a su ideología es una victoria del sistema democrático, con independencia de lo que se pueda pensar de esa decisión. Es ahí donde la república se sostiene. Y no es la primera sentencia que va en esa dirección. Cuando JD Vance dice que los jueces no deberían entrometerse demuestra el modo de operar de los nuevos populistas: la esencia de la democracia reside en un cheque en blanco para el amado líder. Trump, por su parte, mostró su ira ante lo que él considera un Tribunal desagradecido. Porque él viene de ese mundo de favores y amenazas. De exhibicionismo de autoridad y quid pro quo. Sin embargo, la democracia americana, la de checks and balances, se fundamentó en la separación de poderes, en poderes que vigilan a otros poderes.

Los conservadores solían desconfiar del poder ilimitado del gobierno. De la presidencia imperial. Por eso esta decisión debería ser acogida con respeto en esos ámbitos. Pero no ha sido así. Lo cual evidencia que el Partido Republicano ha dejado de ser una formación política para convertirse en una sucursal más de la Trump Organization, con sus leales servidores, sus fixers y su legión de abogados. El propósito es lograr que el dueño de la compañía salga exitoso y todo el mundo lo sepa. Mientras el Ejecutivo y gran parte del Legislativo no parecen conocer límites en su dedicación al culto a la personalidad, el Judicial va por libre, proporcionándole a Estados Unidos una bocanada de aire fresco en tiempos de incertidumbre y autoritarismo.

Tracking Pixel Contents