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Opinión

Vigo, ante el reto de impulsar su potencial

Vigo fue durante décadas el gran motor industrial y demográfico de Galicia. Primera en población y referencia indiscutible en industria, ha sabido liderar sectores estratégicos y proyectar una imagen de ciudad dinámica, abierta y trabajadora. Hoy, sin embargo, da la sensación de que atraviesa un cierto letargo. No por falta de activos —que los tiene y de enorme valor—, sino por una acumulación de déficits estructurales que lastran su competitividad. Mediada la tercera década del siglo XXI, Vigo sigue arrastrando reivindicaciones de las que ya hablábamos antes de iniciar este milenio. Esa es, quizá, la reflexión más preocupante, sobre la que Administraciones y ciudadanía estamos llamados a reaccionar y trabajar en una alianza para el futuro.

Persiste el cuello de botella en nuestras infraestructuras. El aeropuerto continúa ofreciendo pocas conexiones y precios elevados, lo que, para una ciudad industrial, exportadora y ferial, con enormes atractivos para el turismo, supone una limitación que resta competitividad y oportunidades. En el ámbito ferroviario, la ausencia de una conexión directa de alta velocidad con Madrid sigue siendo una asignatura pendiente. La salida sur ferroviaria acumula demoras mientras otras áreas avanzan en conectividad estratégica. Por carretera, la AP-9 mantiene unos peajes entre los más caros de España, encareciendo la logística y desincentivando inversiones. Son obstáculos conocidos, reiterados durante años, que requieren soluciones definitivas. No hablamos de caprichos, sino de herramientas básicas para competir en igualdad de condiciones.

En este contexto, la confirmación de la alta tensión para la planta viguesa de Stellantis es, sin duda, una magnífica noticia. Durante demasiado tiempo, los microcortes eléctricos pusieron en riesgo la competitividad de una de las principales fábricas de automoción del país y pilar del sector y del empleo local. La llegada de la alta tensión supone un paso adelante decisivo y un mensaje de confianza para el tejido industrial. Vigo, tan necesitada de buenas noticias, recibe por fin una que consolida su futuro productivo. Pero no podemos evitar preguntarnos por qué una infraestructura estratégica ha tardado tantos años en materializarse. Celebramos el avance, sí, pero aprendamos también de la demora.

Una demora que afecta también al Puerto. El Puerto de Vigo es líder en transporte de vehículos y en tráficos de alto valor añadido. Sin embargo, no cuenta con la consideración de puerto nodal, en base a criterios que priorizan volumen frente a valor, con absoluta falta de lógica, económica o política. Esta falta de reconocimiento limita su potencial logístico. Por su parte, el puerto pesquero, referencia nacional durante décadas, atraviesa una etapa de descenso que exige apoyo decidido. La pesca no es solo economía, es identidad y cohesión social.

Frente a este panorama, la ciudad no puede resignarse. Vigo cuenta con una clase empresarial activa y comprometida, que ha demostrado capacidad de resiliencia y visión de futuro. Pero el impulso que necesita la ciudad no puede depender únicamente del esfuerzo privado. Es momento de apelar a todas las Administraciones para que actúen en alianza, con lealtad institucional y visión estratégica. Y también a la ciudadanía, para que exija, participe y construya un frente común en defensa de los intereses de la urbe.

Vigo tiene potencial de sobra. No podemos seguir en 2026 reclamando lo mismo que hace un cuarto de siglo. Es hora de dejar atrás inercias, sumar voluntades y convertir las reivindicaciones históricas en realidades, para que Vigo pueda ocupar el lugar que le corresponde.

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