Opinión | El boletín del Director

Director de FARO DE VIGO
María
El director de FARO, Rogelio Garrido, analiza los temas claves de la actualidad de esta semana

El director de FARO, Rogelio Garrido, analiza los temas claves de la actualidad de esta semana / FDV
En el periodismo, como en casi todas las profesiones, hay días buenos y días malos. Pero en nuestro mundo se invierte el orden normal de las cosas. Porque los días tranquilos, en los que el diapasón de la actualidad se mueve sin sobresaltos y el ritmo es monocorde, lo acontecido planificado, previsible… esos son precisamente los días malos, por aburridos, rutinarios, de calma chicha. Las reuniones de primera página apenas suscitan emociones, controversias, no hay risas ni piques. Es como estar de convivencias en Salesianos. Pero luego están los días buenos –que en realidad son horribles– en los que pasan mil cosas, la actualidad entra a empellones y te arrolla. Días en los que estás deseando que el mundo se pare, porque la cosa ya no puede ir a peor (o sea, a mejor). En la reunión de primera piensas que necesitarías dos portadas para meter todo lo que estás escuchando. Los días buenos son geniales, si no fuesen una puñetera locura. ¿Es que no hay días normales?, os preguntaréis. Pues depende de lo que entendamos por normales. Pero, en general, nos movemos en una voluntaria anormalidad. Lo nuestro es pendular. De montaña rusa. Aunque nos hemos acostumbrado a convivir con lo excepcional, no podemos perder el olfato ante una gran historia.
Esta semana la HISTORIA tiene nombre propio María y nos la sirvió Edgar Melchor. Él habló con la madre de Yibrán Javier, el vigués electrocutado en un aerogeneador al que se subió para hacerse una foto. El testimonio es impactante. María exculpa a los amigos de su hijo, detenidos por la policía al considerar que son en parte responsables de la temeridad del joven al incitarlo por una apuesta. La madre lo niega: «No es justo, ellos no son culpables». María nos regala un retrato impagable de su hijo, dibujado con amor infinito, pero también con una comprensión admirable, increíble, hacia la forma de ser y pensar de Yibrán. «Él me decía: “Mamá, sé que moriré joven, pero no quiero ser un viejo que no ha vivido por miedo”», le confiesa a Edgar y nosotros nos quedamos ojipláticos.
Esta historia es una delicatessen, con todos los ingredientes del buen periodismo, ese que hoy necesitamos como nunca. Lo necesitamos los periodistas para poder vivir de lo que nos gusta, pero también la sociedad, una ciudadanía que debería rechazar la fast food que recibe a través de seudomedios o redes sociales en la creencia de que ese contenido es gratuito y altruista, e ignorante del gravoso precio que está pagando en privacidad y salud mental. Porque dime cómo te alimentas (informativamente) y te diré qué piensas, qué compras, qué votas, a quién odias...
La polarización es un plato que nunca falta en nuestro menú. Es difícil encontrar un asunto que suscite consensos amplios. Ni en las cosas del comer, oiga. En Holanda, patria de calvinistas puritanos y también de marihuaneros y de barrios rojos con expositores de muslamen, se ha prohibido la publicidad de la carne (la de comer) en la calle. Y en España la batalla, al menos la de este mes, se libra por la anguila. El Gobierno, alentado por científicos y cocineros michelin, quería prohibir su pesca porque, alerta, la especie está en vía de extinción por sobreexplotación. En la trinchera de enfrente, los pescadores apuntan a las presas y no a sus cedazos artesanales. Aunque parecía un pulso perdido, el sector, con el apoyo de seis comunidades, entre ellas Galicia, ha parado el golpe. Ahora toca hacer un estudio. Esperemos que sus autores no sean veganos.
Existe vida después de la política y no tiene por qué pasar indefectiblemente por una puerta giratoria. Isabel Pardo de Vera, número dos de Fomento en la época de la ignota Raquel Sánchez y del infausto José Ábalos, reveló en El País que se preparaba para ser profesora de matemáticas en un instituto gallego. Irene Bascoy, aprovechando esa inusitada confesión, elaboró un perfil de Pardo de Vera y nos recordó sus buenos tiempos, cuando gozaba de un enorme poder y se elogiaba su capacidad profesional y técnica (hasta en el propio PP). Era de facto la ministra. Pero la política es un campo de minas. La primera le estalló con un escándalo en Asturias por la supuesta compra de unos trenes que no cabían en los túneles. La ministra oficial Raquel Sánchez no dudó: entre la sororidad y salvar su poltrona, optó por despedirla con una frase cruel: “La política es así”. Tras ese abrupto final, Isabel intentó buscarse la vida en el sector privado. Novios no le faltaban porque su prestigio profesional estaba incólume, pero entonces pillaron al mariachi corruptor Cerdán-Ábalos-Koldo. El nombre de Isabel afloró de forma tangencial en esta trama (el asunto está judicializado) y quedó proscrita del mundo laboral. Ahora para ganarse el pan, y seguir cotizando, su única opción es la enseñanza. La historia despertó la curiosidad de muchos lectores. Así que aprovechamos para contaros a qué se dedican los once exministros gallegos (¡oh sorpresa!, la mayoría vive estupendamente).
Las coincidencias las carga el diablo, como os comentaba en un boletín anterior. Porque no me digáis que no es fatalidad que el día que os presentamos a la nueva comisaria de Seguridad Ciudadana de Vigo, Miriam Rifai, primera mujer en este cargo (otro techo de cristal roto), también publicamos la dimisión del jefe de la Policía Nacional, José Ángel González, acusado de violar a una inspectora hace un año. La presunta agresión sexual habría contado con, al menos, la complicidad en forma de silencio de su mano derecha. Cuando ves el pecho del presunto violador plagado de condecoraciones, se te cae el mundo encima. La flamante comisaria Rifai asegura que una de las mayores virtudes de todo policía es «ser empático, sobre todo con las víctimas». Víctimas como la compañera presuntamente violada por su jefe, añado yo. Salvo que la condición de uniformados no cuente.
¡Buen finde!
Email: director@farodevigo.es
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