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Opinión

¡Venga, a armarnos!

La presidenta de la Comisión Europea ha pedido a los gobiernos del continente que aprendan de Ucrania. «Necesitamos superar la actual separación entre el sector civil y el de defensa», dijo Ursula von der Leyen en la Conferencia de Seguridad de Múnich.

Europa, señaló, es una gran potencia en el sector del automóvil, en el aeroespacial y el de la maquinaria pesada, por lo que habría que adaptar esos sectores a «la cadena de defensa», es decir que puedan fabricarse lo mismo vehículos militares que drones o sistemas de artillería.

Von der Leyen es consciente de que ese proyecto de economía de guerra puede no gustar a todos los países miembros, por lo que, según explicó, habría que superar los eventuales vetos nacionales, tomando las decisiones por «mayoría cualificada».

Los Veintisiete gastaron el año pasado aproximadamente 320.000 millones en armamento frente a los 200.000 millones del año anterior, pero a la presidenta de la Comisión no le parece suficiente: la economía rusa está ya debilitada y hay que procurar debilitarla aún más.

Para el ministro alemán de Defensa, Boris Pistorius, las medidas de seguridad que reclama Ucrania no tienen que ser un nuevo «memorándum de Budapest», que el político socialdemócrata calificó de «tigre de papel».

Por el memorándum de Budapest (1994), las potencias nucleares ofrecieron a Ucrania garantías de seguridad a cambio de la retirada de las armas atómicas que tenía en su territorio como parte de la extinta Union Soviética, pero aquello no impidió la invasión rusa del país vecino.

«Tenemos que proteger a Ucrania de nuevas agresiones rusas y para ello las medidas de seguridad que se le ofrezcan deben ser fiables», insistió el ministro alemán.

De nada sirven las protestas del Kremlin en el sentido de que las eventuales medidas de seguridad que quiere Kiev no deben en ningún caso limitarse a Ucrania, sino que deberán incluir a Rusia en el marco de una nueva arquitectura de seguridad europea.

El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, se quejó por su parte de que las medidas de ese tipo que le ofrece EE UU sean solo por quince años cuando los inversores y empresarios con los que ha hablado necesitan que sean por treinta o incluso cincuenta años.

También se refirió Zelenski a anteriores declaraciones de su homólogo francés, Emmanuel Macron, en el sentido de que Europa tiene que hablar directamente con Rusia.

En las negociaciones con el Kremlin deben participar también los europeos, dijo Zelenski, quien acusó al presidente ruso de jugar a un doble o un triple juego con unos y con otros.

También se quejó de que Rusia pretenda enviar al frente de las próximas conversaciones con Ucrania, que se celebrarán en Suiza el 17 y 18 de febrero, a un historiador (Vladimir Medinsky) para darles a los ucranianos lecciones de historia.

Pero antes, él mismo había criticado al Kremlin por mandar en una ocasión anterior a una delegación integrada principalmente por militares.

Mientras tanto, la Comisaria Europea de Ampliación, la eslovena Marta Kos dijo no descartar que Ucrania pueda ingresar en la Unión Europea ya el próximo año, como quiere Kiev frente al escepticismo de algunos países miembros de ese club como Hungría y Polonia.

Según argumentó Kos, la metodología utilizada hasta ahora era para tiempos de paz, y el proceso es siempre largo: así Suecia, uno de los países más avanzados de Europa tardó dos años en ser admitida.

Pero el ingreso de Ucrania hay que verlo, según Kos, no como una ampliación más sino como una «necesidad geopolítica». De ahí su urgencia. En el caso de Ucrania, al parecer todo vale.

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