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Opinión | Al lío

José Carneiro

José Carneiro

Subdirector de Faro de Vigo

Vigo se enchufa a la alta tensión: claves de una demanda histórica

Instalaciones de la factoría Stellantis en Vigo.

Instalaciones de la factoría Stellantis en Vigo. / Marta G. Brea

Si algo nos enseñó el apagón del pasado mes de abril es la fragilidad de nuestro sistema eléctrico. Esa fragilidad —que ha vuelto a quedar patente con el tren de borrascas que nos acompaña desde principios de año; en mi casa, sin ir más lejos, se nos averió la lavadora por la tormenta— la lleva denunciando la industria viguesa a la Administración competente desde hace décadas. Y servidor, desde mucho antes de la pandemia.

¿Cómo es posible que Vigo y gran parte de su área de influencia, excepto Porriño, sigan enganchadas a una red eléctrica decimonónica de 132 kilovoltios? En román paladino: es como pretender conducir un coche deportivo por un camino de cabras. Vamos, un sinsentido.

Desde FARO llevamos años empujando para corregir esta anomalía: que la mayor ciudad de Galicia y del Noroeste mantenga una conexión eléctrica tan frágil. Es cierto que la primera en levantar la mano fue Stellantis. Cada vez que se atisba tormenta por el horizonte y caen unos rayos sobre el tendido, la planta de Balaídos sufre pérdidas importantes de producción por los huecos de tensión que se generan en esa maltrecha red de 132 kV. Así, tal cual: miles de coches «perdidos» cada año, pese a los cientos de millones invertidos por la empresa para protegerse de unos picos que duran milisegundos y que, en casa, igual apenas se notan… pero que detienen una cadena de montaje y pueden provocar averías en los sistemas informáticos.

Stellantis fue la primera en alzar la voz, pero esta pesadilla es común a muchas empresas del cinturón industrial vigués. Y, en general, a toda la ciudad, desprotegida ante posibles apagones por la debilidad de la red, sobre todo si asumimos lo obvio: el consumo eléctrico no va a ir a menos. Ahora (casi) todo es eléctrico. La cocina, la calefacción… los coches.

La solución, como se ha defendido siempre, es conectar Vigo a la robusta red de Muy Alta Tensión (MAT) que surca Porriño. Un enganche que no es barato —más de 72 millones de euros— y que obliga a soterrar la conexión desde Atios, sí, pero que es crucial para la industria y para la ciudad. Un proyecto que se reclama desde 2013 y que fue negado sistemáticamente por todos los gobiernos con la excusa de que Vigo no tenía demanda suficiente para justificar ese nudo y una nueva subestación… hasta que, por fin, el Ministerio para la Transición Ecológica —después de rechazarlo dos o tres veces— entró en razón y accedió a esta demanda histórica.

Ahora, como bien ha recogido nuestro compañero Julio Pérez, se ha resuelto el último escollo. Stellantis, como era previsible, se ha impuesto en la subasta del Ministerio a otras dos empresas que aspiraban a ese «enchufe» para grandes consumidores, del que se beneficiará toda la industria y —recalco— el área de Vigo, al aportar mayor solidez al suministro eléctrico. En una ciudad acostumbrada a recibir de todo menos apoyos en infraestructuras, este es un logro mayúsculo que conviene poner en valor y, llegado el día, disfrutar.

Porque no ha sido caridad ministerial ni milagro burocrático: ha sido el resultado de años de patadas en la puerta, denuncias en FARO y pérdidas millonarias que ya nadie podía seguir mirando de reojo. Con la MAT llegando desde Atios, soterrada y robusta, las tormentas seguirán cayendo —esto es Galicia—, pero ya no deberían dejarnos a oscuras ni parar cadenas de montaje por un pestañeo de voltaje.

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