Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | Conocidos y saludados

por Josep Cunílíder de vox

Votos, vientos y tempestades

Alardea Pedro Sánchez del sistema ferroviario español como uno de los mejores del mundo. Le avala Ray LeHood. Quien fue secretario de Transportes de los Estados Unidos cerró en 2009 una visita oficial maravillado con nuestros trenes, tras un trayecto Madrid-Zaragoza en AVE. De haber subido a un Rodalies no hubiera podido decirlo, porque ya entonces la falta de inversión era sabida, las averías constantes y las protestas frecuentes.

Dos años más tarde, Mr. LeHood regresó y dobló la apuesta. Poniéndole voz al deseo del presidente Barack Obama, invitó a nuestras empresas a subirse al tren de un gran corredor para la costa este de su país, al grito de «vengan a los Estados Unidos a hacer realidad nuestro sueño del AVE». Ahí quedó y ahí se diluyó. La leyenda urbana española le atribuyó al yanqui una frase que no consta que públicamente hubiera dicho, pero que los mentideros repiten aún hoy como si la hubieran escuchado: ni Estados Unidos podía permitirse tamaña inversión. Probablemente, la maledicencia viene a cuento de los recelos económicos tras la promesa de José María Aznar de que todas las capitales de provincia españolas estarían comunicadas con Madrid por alta velocidad.

Aquel diseño, solo superado por China en número de kilómetros de vía, se fue llevando los dineros de manera inversamente proporcional a su uso, castigando presupuestariamente el resto de servicios y trazados en toda la Península, incluidos los de mercancías, a pesar de su liberalización con limitaciones que impiden reducir el denso tráfico de camiones por las autopistas. De aquellos polvos, estos lodos. Pero es que, además, ya toca actualizar la infraestructura de buena parte del trazado de larga distancia, por su lógico desgaste de materiales que su servicio acaba de constatar.

Nada de esto es nuevo. O no debería serlo, porque los déficits de inversiones ya estaban ahí. Pero los recientes accidentes han obligado a Pedro Sánchez a salir en defensa de un servicio que ha provocado una sensación general de inseguridad en un sector que se jactaba de todo lo contrario. Tanto era así, que el ministro Óscar Puente ordenó la reducción de velocidad dos meses después de anunciar su aumento. La Generalitat de Catalunya, a remolque, busca en un consorcio para Rodalies superar aquellos ingenuos acuerdos del tripartito que ya se encargó Adif que le pesaran más que le beneficiaran.

Gran alternativa

La conclusión a tanto desatino ha llevado a casi la mitad de los usuarios a dejar de viajar en tren o planteárselo. Pero no todos los que lo desearían se lo pueden permitir, por falta de alternativas y posibilidades. Y esto sí que tiene efectos electorales, porque el problema atañe a un amplio colectivo proclive al progresismo pero que, cabreado, se lanza a la radicalidad de derechas. Se ha visto en Aragón y lo ha celebrado Santiago Abascal Conde (Bilbao, 14 de abril de 1976).

El líder de Vox le ha sabido sacar partido a la última campaña electoral. Recorrer 50 localidades en dos semanas sin ser candidato y doblar sus diputados autonómicos gracias a populares y socialistas le ha concedido la fuerza que buscaba para seguir presentándose como gran alternativa. Y condicionar. Ya lo celebró en Extremadura y lo espera en Castilla y León. Sabe Abascal que mientras Sánchez y Núñez Feijóo siembren acusaciones mutuas de favorecerle él podrá seguir recogiendo.

Tracking Pixel Contents