Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | Desde mi atalaya

José del Río Paredes

Traemos hoy a este comentario semanal de nuestra «Galería de marinenses ilustres», una vez más, a don José del Río Paredes, con motivo del LXV aniversario de su muerte, ocurrida el 10 de febrero de 1961, para conocimiento de los más jóvenes, al que el historiador don José Torres Martínez calificó como «un alcalde para la historia» en su magnífica biografía, de la cual resumimos en este comentario. Don José del Río nace en nuestra villa el 17 de julio de 1881, hijo de don José del Río Iglesias, afamado comerciante, y doña Manuel Paredes Rodríguez, naturales de Marín. Asiste a la escuela pública y en 1894 se traslada a Vilagarcía para realizar sus estudios de comercio, realizando sus prácticas en un importante establecimiento, para después de cuatro años regresar a Marín con el firme propósito de emigrar a América, para lo que embarca en 1898, con 17 años rumbo a Puerto Rico, instalándose en Humacao en casa de unos parientes. Con motivo de las continuas revueltas que sufrían las colonias españolas decide alistarse en el ejército colonial español. Una vez finalizada la guerra, decide consolidarse en aquella isla española, pero después de tres años de duro y complicado trabajo, y dada la complicada situación que sufrían los españoles, opta por regresar a su villa natal. A su regreso en 1901 inicia su actividad comercial, abriendo un taller de confección de ropas de agua y toldos impermeabilizados, que poco a poco va ampliando hasta completar un establecimiento de ferretería, quincalla y electricidad que consigue rápidamente consolidar. Contrae matrimonio el 16 de julio de 1908 con doña Juana Crespo Casal. Pronto alcanza con su laboriosidad y honradez un merecido prestigio que fue reconocido por todos sus convecinos. Comenzó su vida pública al ocupar importantes cargos de representación comercial y entidades culturales y recreativas. Y prueba de su general reconocimiento es lo que comenta el semanario ‘Marín’ de 1 de marzo de 1914: «Notorio es que no se instituyó centro, corporación o entidad alguna en la que no hubiese ocupado un puesto preferente don José del Río».

En su dilatado periodo de gestión pública, comprendido entre 1914 y 1924, trabajó siempre por el bienestar y progreso de su pueblo, por el que luchó sin descanso, sabiendo superar egoísmos, conciliar opiniones y ganar la colaboración de todos en la consecución de los objetivos de gran interés para la villa. Fue elegido alcalde en tres ocasiones: 1914-1915, 1916-1918 y 1922-1923, y otros muchos de teniente alcalde y concejal. Fue sin duda el más decidido y emprendedor de los alcaldes, quien supo afrontar con singular acierto los muchos y difíciles problemas de nuestra villa. Así en su primer mandato ordenó la organización municipal y los recursos; procedió a la pavimentación, arreglo de calles, caminos y lavaderos. Trató de recuperar las escalas trasatlánticas y cambió el semblante de la villa. En el segundo amplió el alumbrado, reglamentó los precios de artículos de primera necesidad, el control de la venta de leche y solucionó los suministros de carbón para la flota y sulfato y azufre para el campo y la defensa de la Comandancia de Marina. Pero sin duda la tercera fue la más fructífera para Marín. Con una gran visión de futuro planificó un vasto plan urbanístico denominado «Proyecto de ensanche y saneamiento de la villa», último proyecto de crecimiento de nuestra villa, del que estamos disfrutando, que trajo la ampliación de la zona marítima, la carretera al puerto, la Alameda, la Casa Consistorial, el edificio del Mercado y Matadero y el acceso a la playa de Portocelo. Para ello fue necesario conseguir más recursos y tomó la decisión de la incautación de la Lonja, lo que hace el 3 de diciembre de 1922 aprobada por unanimidad y respaldada por todos los marinenses, que abre a Marín una era del desarrollo y transformación que conocemos. Moriría el 10 de febrero de 1961. Tal fue su vida que el semanario ‘Morrazo’ el día 2 de abril de 1916 destacó que «sus dotes de inflexible rectitud, inteligencia viva, acrisolada honradez, celo constante y amor acendrado por el Marín que lo vio nacer». He aquí un ejemplo a seguir por los jóvenes que quieran trabajar por nuestro desarrollo y progreso, tan necesario hoy.

Tracking Pixel Contents