Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión

¿Se puede tener un poco de envidia de Portugal?

Los espejos políticos siempre son peligrosos y pueden convertirse en espejismos, pero déjenme por un día que compare los resultados del domingo en Aragón con los de las elecciones presidenciales del mismo día en Portugal. En la segunda vuelta, peculiaridad electoral que no tenemos en España, el candidato del Partido Socialista consiguió el 67% de los votos frente al populista André Ventura. Seguro, como explica María Mondejar, supo adecuarse a las circunstancias y presentar un programa capaz de atraer a los votantes del centro-derecha que no tenían candidato en esa ronda. Mientras en España, el PP y en el PSOE sumaban casi el 60% de los votos en Aragón y las portadas y las ruedas de prensa fueron para Vox que mejoró mucho pero se quedó en un meritorio 17,8% de los votos. Son esas dinámicas las que hacen grandes a los populistas a base a cederles el protagonismo desde una derecha y una izquierda que prefieren la desgracia del adversario antes que el progreso del país.

Al potaje madrileño, Portugal le parece una entidad política menor. Pero lo cierto es que los gobiernos de Antonio Costa y de Luis Montenegro han protagonizado una salida de la crisis de 2008 mucho más armónica que en España, tanto económica como políticamente.

La dinámica portuguesa es mucho más robusta que la española. Y otro dato para los supremacistas: tres de los últimos diez primeros ministros de Portugal han acabado en puestos internacionales de primer orden, desde Durao Barroso en la Comisión Europea hasta Antonio Costa, ahora en el Consejo Europeo, pasando por Antonio Guterres en la ONU. Por algo será.

Tracking Pixel Contents