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Opinión | Crónicas galantes

El extraño caso de los trenes en Galicia

Renfe alcanzó fama hace muchos años por los retrasos que acumulaban sus trenes. Eran otros tiempos. Ahora puede suceder que ni siquiera salgan de la estación, lo que elimina por completo la posibilidad de que lleguen tarde a su destino.

Es lo que ha ocurrido con los servicios de Vigo a Santiago —y viceversa— que la compañía ferroviaria suspendió durante días debido a las tempestuosas condiciones meteorológicas. Ya se sabe que los temporales son cosa rara en Galicia, pero aun así no está de más tomar precauciones.

Lo raro, si acaso, es que ADIF, empresa igualmente estatal que se ocupa de las vías, quisiera dejar claro que la decisión no fue cosa suya. No había, en su opinión, ningún punto del camino de hierro en el que se detectasen daños para impedir la circulación del tren. Renfe objetó que existía riesgo de inundaciones y desprendimientos de tierras en el trayecto.

Para añadir más curiosidades al asunto, los convoyes de mercancías siguieron circulando como si la borrasca Leonardo no fuese con ellos. Se entiende que si alguno descarrilase no se producirían desgracias personales, salvo en lo que atañe al personal encargado de manejar el tren.

La incidencia afectó básicamente a los usuarios de Vigo, incomunicada por ferrocarril no solo de Santiago sino del resto de España. Tampoco ayudó gran cosa la decisión de no ofrecer un transporte alternativo por carretera que tomó la compañía, contra lo que suele ser habitual en estos casos. Al parecer, el temporal afectaba también a la seguridad de los autobuses que, acaso temerariamente, siguieron funcionando.

Lo cierto es que los frustrados viajeros debieron apañárselas por su cuenta para acudir al trabajo o pillar un enlace a Madrid. No hay razón alguna para pensar que Renfe milite entre los que les tienen manía a los vigueses —si alguno hubiere—, de lo que solo se puede deducir que la compañía estaba velando por su integridad física.

Paradójicamente, el tren pasaba por ser el medio más seguro y eficiente cuando el mal tiempo se ceba con las carreteras y el transporte aéreo. A fin de cuentas, circula sobre modernos raíles que a Galicia llegaron tarde, como casi todo; aunque precisamente por eso tengan menos antigüedad y desgaste que los de otras partes de la Península. Cuando menos, en el Eje Atlántico.

Conviene desdeñar, en todo caso, la posibilidad de que Renfe suspendiese sus servicios por razones comerciales. Bien al contrario, Vigo es la ciudad más poblada de Galicia y, por tanto, la que mayor número de usuarios podría aportar aquí a la compañía.

Todo este raro embrollo sucede apenas un año después de que el ministro encargado del ramo de transportes se ufanase de que el ferrocarril vive el mejor momento de su historia en España. A ver si van a llevar razón los que, un tanto exageradamente, creen que Vigo está en Portugal.

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