Opinión | El Nuevo START
Rafael Vilasanjuan
El baile nuclear
A Donald Trump le gusta bailar. A pesar de lo ridículo que resultan sus movimientos ha ordenado construir un salón de baile en el ala este de la Casa Blanca. Puede que sea para celebrar este segundo mandato como una fiesta permanente, o puede que, como en la cubierta de lujo del «Titanic» la música solo suene para intentar mantener la calma mientras se hunde el barco. Porque esta semana, con el final del acuerdo nuclear entre EE UU y Rusia, nos acercamos peligrosamente al iceberg que amenaza la existencia del planeta.
Tras quince años desde que se firmó el Nuevo START, el acuerdo bilateral que limitaba las cabezas nucleares de ambos a países a 1.500, este ha caducado y en su lugar todavía no hay traza de lo que puede frenar a las dos potencias que acaparan hoy por hoy casi el 90% de todas las armas nucleares del mundo ¿Dónde está el problema? Vladimir Putin ha ofrecido una prórroga de un año, pero él tampoco ha cumplido sus obligaciones desde que empezara la guerra en Ucrania. Donald Trump, por su parte, ignora a buena parte de sus negociadores diplomáticos alegando que no tienen suficiente conocimiento para este tipo de pactos complejos. Quiere bailar él.
El problema es que el tratado de Naciones Unidas para la no proliferación estipula una restricción a aumentar el arsenal a los otros siete países nucleares y la prohibición al resto para desarrollarlas mientras las dos potencias vayan reduciendo el suyo. Pero si eso no va a pasar, las reglas del juego no valen para nadie. La amenaza nuclear asoma y China, que no se fía, ha empezado a producir arsenal como si no hubiera infierno.
El juego está servido y la amenaza es real. Lo más preocupante es la falta de restricción para Rusia y Estados Unidos, que incluso podrían volver a realizar ensayos, pero todos los demás no se van a quedar quietos. Los que tienen querrán modernizar su arsenal y algunos que están a punto, como Irán, podrían desarrollarlo. El baile nuclear nos tiene a todos en vilo. Esperemos que al menos aquí la música pare pronto, antes de que empecemos a ver cómo se hunde el barco.
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